La mirada del otro. Escenarios para la diferencia en el Museo del Prado

Cartas a Ofelia / Crónicas hispanas

sebastian

San Sebastián, Guido Reni. Madrid, Museo Nacional del Prado

 

Cubamatinal / Madrid, 14 de junio de 2017.

El Museo del Prado invita al visitante a recorrer su colección desde una nueva perspectiva a través de una selección de 30 obras formada por pinturas, esculturas y dibujos que, habitualmente en sus salas, forman parte de la compleja herencia cultural occidental y ahora se erigen como un exquisito testimonio de fórmulas afectivas diferentes, minoritarias y, a veces, silenciosas.

Cada uno de los recorridos propuestos, independientes pero complementarios entre sí, refleja una realidad afectiva cuya consideración social ha sido cambiante con el paso de los siglos y en función de los lugares, y que ha ofrecido diversos y atractivos reflejos en el Arte. En ellos se subraya, por un lado, el carácter inadvertido, o incluso oculto, que se confirió en el pasado a las iconografías del amor más diverso y, por otro, el hecho naturalmente inclusivo de su existencia.

Estas obras hablan sobre conceptos como el amor entre iguales libres en el mundo clásico o sobre la persecución de esa misma clase de relaciones en la nueva era cristiana, la consideración de personajes raros y ambiguos como un espectáculo en sí durante la Edad Moderna, o sobre la única posibilidad de aceptar otras alternativas del amor en clave literaria y mitológica, contemplados en exclusiva como entretenimiento de los más poderosos.

El primero de los recorridos, Amistades inmortales, propone un acercamiento a las relaciones sentimentales y políticas entre personas del mismo sexo que, desde la Antigüedad, han permanecido mitificadas en la historia del arte y en la literatura como punto de partida para la creación de una identidad alternativa autorizada por la Historia.

El segundo, Perseguir los deseos, aborda la persecución que tanto los artistas como las obras de arte sufrieron a lo largo de la historia tanto por su identidad personal como por su contenido o iconografía, en cuanto visibilizaban relaciones o identidades fuera de los imperativos morales de su época. Algunos de ellos, como Botticelli o Leonardo, fueron sometidos a juicios mientras que otros artistas ejercieron de verdugos contra los primeros. La misma fortuna aconteció a numerosas obras de arte que fueron encriptadas o conducidas al ostracismo por lo que revelaban visualmente.

El cuerpo y su imagen articulan el tercero de los recorridos: Engañosas apariencias. La desobediencia a lo normativo del cuerpo se manifiesta en representaciones históricas, con ejemplos clave en la colección, como el Hermafrodito o las mujeres barbudas de Ribera y Sánchez Cotán, a los que se añaden ejemplos de travestismo o intercambio de roles de género.

Amar como los dioses, el último de los recorridos, agrupa una serie de obras de carácter mitológico que representan las relaciones entre iguales en escenarios ajenos al mundo real y que fueron destinadas a espacios privados reservados a la mirada del poder: solo los poderosos podían contemplar, y protagonizado por dioses, lo que estaba prohibido a los mortales.

Además, dos obras excepcionales de la colección, El Cid de Rosa Bonheur y El maricón de la Tía Gila de Goya, completan este proyecto. Se trata de dos obras poco conocidas que visibilizan dos realidades complementarias de una artista y una iconografía claramente alusiva a los contenidos de este itinerario expositivo.

En torno a este planteamiento, en la página web institucional (www.museodelprado.es) se ofrecerán una serie de conversaciones entre artistas -como Guillermo Perez Villalta, Javier Codesal, Helena Cabello y Ana Carceller, Alexander Apostol y El Palomar- e historiadores, periodistas y agentes culturales -como Estrella de Diego, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando; Manuel Olveira, MUSAC; Jaime de los Santos, director de la Oficina de Cultura y Turismo de la Comunidad de Madrid; y Javier Moreno, El País- que abordarán las cuestiones principales y los problemas de la representación de las otras condiciones del amor y la sexualidad a través del arte y la literatura.

Publicación

 

Este itinerario está acompañado por una publicación, patrocinada por la Comunidad de Madrid, que recoge los recorridos por las obras seleccionadas comentadas e incluye textos introductorios de Estrella de Diego, Carlos Reyero, José Manuel Matilla, Víctor M. Macías-González, Javier Portús, María Cruz de Carlos, Manuela Mena, Álvaro Perdices y Carlos G. Navarro, estos dos últimos comisarios del proyecto

Actividades

 

El Museo ha programado, en colaboración con el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, el curso Amores iguales: cuestiones de identidad, orientación y género a través del arte. Dirigido a docentes, educadores y formadores, propone dar a conocer y promover el uso de las imágenes históricas del Prado como elemento de normalización de la diferencia en las aulas con el objetivo de fomentar la convivencia y la integración.

También, se plantearán varias conferencias impartidas por especialistas dirigidas a todos los públicos:

18 de junio, domingo. 12.00 h. Masculinos y clásicos. Homoeróticos en la colección del Museo del Prado Juan Antonio González Iglesias. Universidad de Salamanca

25 de junio, domingo. 12.00 h. De la atracción consciente al deseo inconfesable: La fascinación por lo masculino en los pintores académicos del siglo XIX José Luis Díez. Real Academia de la Historia

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La mirada del otro. Escenarios para la diferencia I.

 

Amistades inmortales

 

Las relaciones sentimentales de algunos personajes de la Antigüedad clásica -por tutoría o amistad- permiten abordar la consideración y el trato que recibía en la sociedad el afecto entre hombres antes de la llegada del cristianismo, y de la naturalidad con la que el arte se convirtió en un lugar mítico para la cultura occidental, desde la Edad Moderna hasta el siglo XIX, que comenzó a cartografiar los espacios del pasado clásico como lugar de libertad poética inocente y libre de prejuicios.

Sala 74:

  1. Taller romano, Antinoo
  2. Taller romano, Adriano

Sala 71

  1. Escuela de Pasiteles, Orestes y Pílades

Sala 73

  1. Taller romano, Aristogitón
  2. Anónimo del siglo XVI, Safo

Sala 72

  1. Lawrence Alma-Tadema, La siesta
  1. Perseguir los deseos

 

Desde la Edad Media se persiguió la sexualidad tanto por tribunales civiles como religiosos y, en particular, por la Inquisición que quemó en la hoguera a los hombres y mujeres acusados de sodomía, término con el que se calificaba a las relaciones que no permitían la reproducción humana. A partir de ese momento, las acusaciones similares significaban juicios, humillación y mala fortuna, y eran utilizadas, a veces, como un método de desacreditación de rivales y de eliminación de la competencia en los ámbitos más elitistas.

Muchos artistas y coleccionistas, cuyo nombre recuerda la Historia, se vieron envueltos, por su sexualidad y por su éxito, en juicios por sodomía, lo que justificó un comportamiento invisible para quienes tuvieran sentimientos diversos, y al mismo tiempo, encriptó en muchas obras de arte los deseos inasibles de quienes se guardaban de la persecución; todo ello alentó al desdén y desprecio de los perseguidos por causas morales cuya imagen quedó distorsionada a los largo de los siglos y significó, incluso, la persecución moral de las propias obras de arte que pudieran encerrar esos deseos.

Sala 56B

  1. Sandro Botticelli, Tres escenas de la historia de Nastagio degli Onesti
  2. Anónimo (Taller de Leonardo da Vinci), La Gioconda

Sala 49

  1. Baccio Bandinelli, Venus

Sala 4

  1. Caravaggio, David con la cabeza de Goliat
  2. Guido Reni, San Sebastián
  3. Guido Reni, Hipomenes y Atalanta

Sala 6

  1. Cornelis Corneliz van Haarlem, La Asamblea de los dioses ordena a Apolo que conduzca el carro del Día

III. Engañosas apariencias

 

Mientras se perseguían los actos de sexualidad considerada reprobable, los cuerpos extraños, a veces inevitables y otras, fruto de una transformación consciente, se contemplaron como un entretenimiento. Era el espectáculo de la diferencia y abordaba la sexualidad no desde la práctica del amor prohibido, sino sublimado en sus evidencias más visibles e inocentes, las de la apariencia humana. Por ello, adquirió, al mismo tiempo, un claro significado de broma y de maravilla y dio a su presencia artística, gracias a personajes insólitos y a criaturas mitológica, un lugar en la sociedad del Antiguo Régimen en el que el disfraz fue, por encima de todo, una condición indispensable para escenificar cualquier afectividad alternativa.

Sala 8

  1. Juan Sánchez Cotán, Brígida del Río, la barbuda de Peñaranda
  2. Ribera, Maddalena Ventura

Sala 12

  1. Matteo Bonuccelli, Hermafrodito dormido

Sala 28

  1. P. P. Rubens, Aquiles entre las hijas de Licomedes

Sala 21

  1. Antonio Dumandré, Hércules y Ónfale

Sala 29

  1. P. P. Rubens, Vertumno y Pomona IV.

Amar como los dioses

 

Las relaciones sentimentales más diversas disfrutaron de un espacio de privilegio destinado a la contemplación de las élites cultas, cuyo poder quedaba fuera de las persecuciones civiles y eclesiásticas. La literatura y la mitología sirvieron para dignificar historias de amor que, en la misma Corte donde se contemplaban, podían suponer la caída en desgracia política de un personaje o incluso su desaparición. Un ejemplo particularmente interesante de esa situación paradójica fue la Torre de la Parada, en cuya decoración se incluyeron numerosos amores de los dioses que contaban historias que hubieran sido perseguidas por el rey de haberlas protagonizado alguno de sus súbditos, pero, en general, el arte cortesano aceptó esta iconografía como una manifestación ideal e inocente de una clase de amor que no tenía cabida en la sociedad real.

Sala 29

  1. Anónimo, Ganimedes 2
  2. P. P. Rubens, El rapto de Ganimedes
  3. P. P. Rubens, Diana y Calisto
  4. P. P. Rubens, La muerte de Jacinto

Sala 16B

  1. Anónimo, Narciso V y VI.

Otras miradas Completan el itinerario dos obras excepcionales de la colección, El Cid de Rosa Bonheur y El maricón de la Tía Gila de Goya. Son obras poco conocidas que visibilizan dos realidades complementarias de una artista y una iconografía claramente alusiva a los contenidos de este itinerario expositivo.

Sala 34

  1. Francisco de Goya, El Maricón de la tía Gila. Álbum C, 38

Sala 63A

  1. Rosa Bonheur, El Cid

Un gran abrazo desde nuestra querida y culta Madrid,

Félix José Hernández.

 

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