Desde Marsella por el Mediterráneo en el Costa Diadema

Cartas a Ofelia/ Crónicas de Cruceros

 

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El Viejo Puerto de Marsella

Cubamatinal/ París, 13 de enero de 2018.

 Querida Ofelia:

Como el sábado 23 de diciembre, llegamos muy temprano a Marsella desde París en un cómodo Airbus de Air France, aprovechamos la ocasión para volver a Aviñón.

Habíamos estado bloqueados en una tienda del Aeropuerto de Orly en París, durante más de media hora, pues alguien olvidó una maleta y hubo una alarma por posible atentado.

 

Fue un día soleado con +10°c. Dejamos las maletas en el Costa Diadema, salimos del puerto de Marsella en autocar y llegamos a Aviñón, tras un recorrido de aproximadamente una hora.

La ciudad de Aviñón es famosa por haber sido sede del Papado entre 1309 y 1377, en lo que ha pasado a la historia como el “Cautiverio de Aviñón”: el Papa Clemente V se trasladó a esta ciudad desde Roma con toda su corte, a partir de ese momento y hasta casi el final del siglo XIV se sucedieron nada menos que siete Papas, asegurando a la ciudad una época de esplendor y prosperidad.

Visitamos el Palacio de los Papas, monumento histórico de Francia desde 1840 y Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1995. Este edificio, a la vez palacio y fortaleza, es uno de los más extraordinarios ejemplos de arquitectura gótica del siglo XIV. Fue construido en dos fases por orden de dos pontífices: al norte, el Palacio Viejo, más austero, se levantó bajo el papado de Benedicta XII; al sur, el Palacio Nuevo, bajo Clemente VI, su sucesor. En el interior, el conjunto de galerías, estancias y capillas, hoy vacías, provoca una aparente sensación de austeridad, pero los frescos y los tapices tejidos a mano de los dormitorios y los despachos de los Papas revelan la pompa y el esplendor de antaño.

 Antes de regresar a Marsella para subir al  barco dimos un paseo por el Centro Histórico.

Como vivimos en Marsella en 1981 al llegar de Cuba y hemos regresado varias veces, puedo dar algunos consejos para si tus amigos desean visitar Marsella por la primera vez.

De abril a mayo la temperatura oscila entre primaveral y veraniega, con temperaturas que pueden alcanzar los +25 °C. Julio y agosto son los meses más calurosos, con temperaturas que, en ocasiones, superan los +30 °C, y calor seco.

Es interesante pasear por el centro histórico y el Viejo Puerto, con la ex  elegante avenida Canebière, llamada así porque antiguamente conducía hasta los campos de cáñamo con el que se fabricaban cuerdas. La Corniche Kennedy,  paseo marítimo de Marsella, es ideal para dar un agradable paseo. Notre Dame de la Gardees la espectacularbasílica situada en el punto más alto de la ciudad.

La abundancia de pescado fresco ha favorecido una cocina exquisita basada en platos de pescado. El plato típico es la bullabesa, una sabrosísima sopa de pescado con tomate, azafrán y aceite de oliva, acompañada de croûtons.

El Castillo de If en la isla homónima, está situado frente a la ciudad, es una fortaleza que en el pasado sirvió de prisión. En ella estuvieron encarcelados personajes literarios como el Conde de Montecristo o el Hombre de la Máscara de Hierro, en los que se han inspirado conocidas películas.

Es muy famoso el jabón de Marsella para lavar a mano, así como los jabones y perfumes de lavanda, planta que crece en abundancia y que es el símbolo de la región. También es magnífico el aceite de oliva virgen extra, las confituras de frutas y las telas típicas de inspiración provenzal.

Para encontrar playas agradables es preciso alejarse algunos kilómetros de la ciudad en taxi.

En la costa son especialmente interesantes Les Calanques, formaciones rocosas que encierran bellas pequeñas playas, calas y cañones.

El centro histórico y las principales atracciones no están muy alejados, por lo que  les recomiendo visitar la ciudad a pie.

Nos encontramos a bordo del Costa Diadema con nuestro hijo, nuera y los dos nietos, los cuales habían llegado en coche desde su hogar. Ocupamos dos camarotes cómodos, elegantes y grandes, situados uno junto al otro.

Tuvimos un ejercicio de evacuación del barco en caso de naufragio, lo que siempre me recuerda el Titanic.

El Costa Diadema partió a la hora del crepúsculo rumbo a Barcelona por un mar un poco agitado, pero que no se sentía, pues este es el más grande de la Flota Costa.

Esa noche cenamos en elegante Ristorante Club Diadema, en el cual tendríamos una muy desagradable experiencia en el almuerzo del 25 de diciembre, que ya te contaré.

Fue una cena con platos típicos de Campania, región italiana en la que la imaginación y alegría se encuentran también en su cocina.

En Campania he oído sonar las panderetas y he visto a la gente bailando en corro, he oído bullicio y risas, he visto hablar y gesticular como en una música de expresiones, una danza de manos.

Si se piensa en Campania, una tierra llena de contradicciones, se piensa en la alegría, el movimiento y el color.

Los campanos se distinguen por su capacidad de hacerte sentir como en casa y saber acogerte con la sencillez de la calidez humana. Mi hermano y su familia viven en ella y te puedo asegurar que los italianos de esta región son educados, amables y muy calurosos.

Los platos transmiten la misma desbordante alegría de vivir combinando los ingredientes tradicionales: mozzarella junto con salsa de carne dentro del sartù de arroz (timbal típico napolitano), o bien fundida con berenjenas en la parmigiana al horno. Uno no dejaría nunca de deleitar el paladar con esta cocina de sabores fuertes.

Pero hay que comer el zite (pasta) «a la genovesa» para poder decir que se conoce el auténtico espíritu de la cocina campana, un espíritu sencillo y pobre que sabe exaltar los sabores claros de la materia prima.

Cenamos esa noche : Mejillones estilo marinara; spaghetti  al estilo amalfitana con camarones al limón; pollo entero deshuesado al estilo pizzaiola, con salsa de tomate, orégano, acelgas salteadas y polenta a la parrilla; como postre milhojas de frutas frescas con crema de yogurt y todo acompañado por un delicioso vinoFeudi di San Gregorio.

Posteriormente dimos un paseo por el barco y asistimos en el Teatro Esmeralda al bello espectáculo “Season of Love” con los acróbatas Duo G-One.

Al regresar a los camarotes encontramos: una botella de champagne, una cesta de frutas y un ramo de flores ofrecidos por el Capitán Giorgio Moretti, con una tarjeta en la que estaba escrito que nos daba la bienvenida a bordo en su nombre y el de la tripulación.

Así comenzó nuestro Crucero de Navidad por el Mar Mediterráneo.

Un gran abrazo desde estas lejanas tierras allende los mares,

 Félix José Hernández.

 

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