El Camino de los Caimitos, de Bertha Novoa García

Cartas a Ofelia / Cronicas literarias

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Cubamatinal / París, 21 de septiembre de 2018.

Querida Ofelia:

Es difícil presentar con más claridad este libro, producto de la bella pluma de doña Bertha Novoa García, que como lo hizo Don Claudio Mariano Domínguez en el prólogo del mismo, por ese motivo te lo reproduzco a continuación :

“El camino de los caimitos es un libro surgido de una multitud de encontrados sentimientos, alegrías, vicisitudes y tragedias acumuladas a través de la vida de la autora. El título de la obra sugiere el bucólico entorno en el que se forja y crece una entrañable relación entre una niña y su adorado abuelo. La autora, en un estilo propio que refleja su vivaz personalidad, entremezcla los felices años de su niñez y juventud en una Cuba no exenta de pesar y dolor, con las dificultades y contratiempos afrontados al arribo de un régimen autoritario que troncha sus sueños y ambiciones. La autora utiliza la narrativa con acierto, para relatar el diario acontecer y momentos —unos tristes y otros memorables— vividos por su numerosa familia. Innumerables pasajes y vívidas anécdotas transitan desde la cotidianidad hasta lo dramático, extraordinario y místico.

En un estilo franco y llano, sin dejar espacio para la imaginación, resalta las incidencias familiares durante sus años de infancia, y su percepción de aquellos que significaron algo, o mucho, en su vida. Sus historias recorren el mundo fantasioso, tradicional, humorístico y doloroso, característico de la sociedad cubana de aquellos tiempos. Con el solo propósito de que sus descendientes conozcan cuál y cómo fue su vida y la de sus antepasados, relata las costumbres y aconteceres dentro del ámbito familiar peculiares de la familia cubana antes de los trágicos sucesos revolucionarios.

Los versos reflexivos que preceden cada capítulo, tomados del extenso poemario de Andrés (Andresito) Alarcón García —primo hermano de la autora—, son producto de una vida exenta de convencionalismos u otras formalidades. Andresito, artista innato, cuyo paso por este mundo siempre se ha regido por su libre albedrío, ha dado rienda suelta durante años a su alma poética de la que han emanado poemas que, sin proponérselo, han coincidido, magistralmente, con las historias familiares de la autora. Este libro no se limita a la historia de la autora y su familia.

A través de sus minuciosos relatos, algunos jocosos y otros desgarradores, la autora describe, diáfanamente, el ambiente y circunstancias que permeaban la sociedad cubana, dentro de las que se desarrollaban los hechos y acontecimientos familiares, proveyendo al lector una valiosa apreciación o visión de las costumbres y tradiciones de la época. La identidad de los pueblos radica en sus propias características, hábitos o usanzas, y son estos rasgos sociales los que, precisamente, se destacan en este libro.

Los sucesos que obligaron a cientos de miles de familias cubanas a abandonarlo todo y comenzar una nueva vida en otras tierras, son crudamente manifestados por la autora. Su familia no fue la excepción, al verse desposeída y carente de las libertades más elementales, obligándola a tomar el camino del destierro. Los sufrimientos y contrariedades propias del éxodo hacia un incierto futuro en suelo ajeno son, igualmente, relatados en forma realista y veraz.

Los hechos de Playa Girón que, en parte, tienen como protagonista al padre de la autora, reviven momentos históricos que nunca serán olvidados y que engrosan las páginas de la historia cubana. “El camino de los caimitos” será un obligado referente para los descendientes de la autora. Será, para ellos, un caudal de preciada información familiar que los enorgullecerá de sus orígenes y raíces. Para el resto de los lectores,resultará en una amena e interesante lectura de incidencias familiares influidas por las costumbres —algunas de ellas devenidas en leyendas— y aconteceres político-sociales al momento en que transcurrieron.”

 Estimo que somos numerosos los cubanos en el exilio que podríamos identificarnos y/o sentir empatía con la autora, debido a sus experiencias cubanas, las cuales narra con gran savoir-faire.

Ella nos cuenta una multitud de anécdotas simpáticas sobre numerosos personajes  de su infancia y adolescencia, como las de : el entierro del mudo vestido con un traje de Primera Comunión, los cuentos de don Tobías, el pirata de la parta de palo, el chino Maguán, el Día de Reyes organizado por el abuelo, las Nochebuenas pasadas en familia, el caballo Lipizzano “Moro”, el monito Chuchi ladrón de huevos en la Misa, el viaje a Mayabeque para veranear convertido en expedición, el gallo de Tancredo, el cocinero Vacaché y  Doña Pepa la gallega.

Otras anécdotas son dramáticas, como la de las muertes consecutivas de las tres hijas de Bertha María, con solo uno, dos o tres años de vida: Miriam Dolores, Lourdes y Miriam. El combate entre la madre de ellas con el ángel negro en el cuarto de baños, para salvar de la muerte a su niño Fernandito, es conmovedor, digno de una escena de terror cinematográfico.

La boda de Teresa y Arturo, éste último gravemente enfermo; el asesinato político de Aleida Chardiet en 1958; la muerte del doctor Zaldívar mientras practicaba la autopsia del mendigo Florentino; la Villa Bertha destruida por el ciclón de 1926; la bebita raptada en su cuna por la mona Cachita y llevada por ésta a la copa de una ceiba; todo ello y mucho más puebla con una multitud de personajes este magnífico libro de Memorias que nos engancha y por lo tanto,  es difícil de abandonar sin querer seguir leyéndolo para ver cómo termina cada historia.

El derrumbe del mundo en el que había vivido hasta el momento de la llegada al poder de Fidel Castro es magistralmente contado: el inicio de la represión, las delaciones, expoliaciones, humillaciones a los “gusanos” y el inicio del éxodo de los amigos, vecinos y de la familia en busca de la Libertad. Poco a poco la familia de la autora se va encontrando en un túnel del cual harán todo lo posible por escapar.

El padre Bertha fue de los primeros a partir, pero la familia no sabía que formaría parte de la expedición de La Bahía de Cochinos; al respecto la autora escribe:

“El lunes, 17 de abril de 1961, se produjo la ya esperada invasión de patriotas cubanos, la mayoría menores de 25 años, que desembarcaban en Playa Larga y Playa Girón al sur de la provincia de Las Villas.

Trágicamente, el tan necesario apoyo aéreo y de suministro fue, a última hora, cancelado por el gobierno del presidente Kennedy y la invasión fracasó en menos de 72 horas. Los invasores que habían quedado con vida, fueron detenidos y presos en las cárceles comunistas. Hasta ese momento, era todo lo que sabíamos. Fue, entonces, que nuestras dudas comenzaban a esclarecerse. Comenzamos a sospechar que mi padre era uno de los invasores.

Lo único que podíamos hacer era estar atentos a las noticias. Ni por un instante nos despegábamos de la radio o la televisión. Durante la noche del 19, Humberto y yo nos quedamos a oscuras en la sala para no molestar a sus padres, oyendo la entrevista que Carlos Rafael Rodríguez les hacía a los prisioneros. Ante uno de ellos, Carlos Rafael inquirió sobre el barco en que él venía. El prisionero relató:

 —Ya cerca de la costa de Cuba a punto de desembarcar, vimos un avión enemigo que volaba hacia nosotros. Comenzamos a dispararle. En la confusión reinante, no nos percatamos de que la ametralladora antiaérea no estaba sujeta a su pie.

El armamento se desplazó sobre la parte delantera de la embarcación donde se encontraban tres de nuestros combatientes: Adelkis Soto, Francisco Rolando Novoa y, el más jovencito del grupo, Tony Delgado. Los tres fueron alcanzados por las balas.

Tony fue herido mortalmente en la cabeza por una bala explosiva muriendo instantáneamente, y parte de su cráneo y cerebro cayendo sobre el pecho de Novoa quien cayó hacia atrás, siéndole destrozado el pie derecho por una de las balas. Un proyectil le entró por el vientre a AdelkisSoto, destrozándole los intestinos. El cuerpo de Tony Delgado fue arrojado al mar.

Novoa y Soto fueron rescatados por un destructor americano trasladados a la base naval de Guantánamo. El traspaso no fue nada fácil, pues una de las líneas de rescate que alzaban los dos hombres se quebró y los heridos quedaron colgados por los pies y sus cabezas casi tocando elmar.

Humberto y yo nos quedamos mudos. Mi angustia y desespero ponían en peligro mi embarazo de solo ocho semanas. Tenía que controlarme si quería tener a mi hijo. También tenía que avisarle a mamá lo que acababa de escuchar por la radio. Pero, ¿cómo? Era alrededor de las dos de la mañana y toda mi familia estaría dormida. No me quedaba más remedio que esperar a que amaneciera para avisarles.

También estaba preocupada por el ataque de asma tan severo que Humberto estaba padeciendo debido a la tensión nerviosa. Desde pequeño padeció de asma y, ahora, con esta desagradable noticia, se recrudeció hasta el punto en que pensé que teníamos que ir para la sala de emergencia del hospital más cercano. A gritos, llamé a Lolita, su mamá, para que me ayudara y me aconsejara. Entonces, entre las dos, le aplicamos unas toallas calientes en su espalda, dándole un fuerte masaje para ayudarlo a respirar. Humberto mejoró con los medicamentos y los masajes.

En cuanto amaneció, nos fuimos para mi casa en Güines a darle noticia a mamá y demás familiares. Mamá se sorprendió al vernos llegar tan temprano. Enseguida sospechó que traíamos noticias de papá. Le conté todo lo que había escuchado por la radio. Consolándola, le repetía que estaba vivo y que iba a estar bien. Así y todo, la noticia fue como un dardo encendido penetrando su corazón. Abuelo Herminio se despertó con el llanto de mi madre y le contamos que papá era uno de los combatientes y que estaba herido. Solo nos quedaba tener paciencia y esperar, aconsejó abuelo.”

El personaje central del libro es don Herminio García, abuelo de la autora, patriarca de la familia y cuya mirada en el aeropuerto José Martí de La Habana, en el momento de la despedida de su familia hacia las Tierras de Libertad, encierra el drama desgarrador de tantos seres queridos que quedarían atrás y nunca pudimos volver a abrazar.

“Me tranquilicé pensando que, al día siguiente, vería la luz. Sentiría, en mi pecho de niña adulta, los aires de libertad. Papá estaría esperándonos para llevarnos a un lugar libre del “pez gato” y los “tiburones”.

Regresamos al salón principal. Divisé, asomado a los cristales, a mi cansado y viejo abuelo. Su rostro me pareció inexpresivo. Me miraba fijamente. Tal vez quería decirme muchas cosas. Cosas que, quizás había guardado durante toda su vida y que nunca me confesó.

Yo, también, necesitaba expresarle lo mucho que lo quería. Darle las gracias por todos sus cuidados, protección y amor, los cuales me brindó durante toda mi vida a su lado. Quería decirle que él era el hombre que más había querido, más que a mi propio padre.

¿Cómo era posible que, estando viviendo en su casa, nunca le confesé lo importante que había sido para mí? Sabía que nunca más volvería a verlo. ÉI estaba enfermo. Su corazón había sufrido demasiado. Se cansa pronto y dejaría de latir. Esta separación sería su final. No sé si la esperanza de conocer a mi hijo lo mantendría vivo.

Conmigo viajaban sus enseñanzas, su coraje, su valentía, su honestidad, sobre todo, su amor.

El pobre Humberto se movía de un lado para el otro. Fumaba más que nunca. Miraba constantemente el reloj. Me tiraba besos con la mano. Me decía adiós una y otra vez. Así, en esa tortura emocional, pasaron horas.

Mis pies, hinchados, estaban a punto de reventar. Solo nos dieron agua para beber, nada de comer. Desde las ocho de la mañana estábamos esperando la orden de abordar. Era cerca de las seis de la tarde siquiera había señal alguna de que partiéramos. Íbamos al baño con miedo. Era mejor no movernos para pasar desapercibidos.

Los tiburones estaban hambrientos y, al menor descuido, podían atacar.

Alrededor de las seis y media de la tarde, una desagradable voz nos sacó de nuestros pensamientos.

Ordenaba que nos pusiéramos en fila en dirección hacia la salida trasera. Una puerta se abrió y, ante mis ojos, apareció el plateado pájaro de anchas alas.

Había llegado el momento de decir adiós a mi tierra, la que me vio nacer sin saber si me iba a ver morir. Mi niño se movió incómodo en mis entrañas. Él también sintió el desprendimiento de nuestro suelo.”

Bertha Sarah Novoa García, nació en Melena del Sur (Cuba). Se graduó de Bachiller en Letras en 1960 en Güines. Partió hacia los EE.UU. en 1961; desde entonces vive en la ciudad de Miami junto a su familia.

El Camino de los Caimitos. Bertha Novoa García. Editorial D’har Services. © 2018 Bertha S. Rivas.  15 x 23 centímetros – 489 páginas.  Ilustración de la cubierta : Don Herminio García, abuelo de la autora, con su caballo Bombón, por el Camino de los Caimitos, en el Central Amistad (Cuba), 1949. Edición en papel : 20 dólares. ISBN – 10 : 1986184196

Te lo haré llegar por la vía que suelo hacerlo, para que después de leerlo, lo hagas circular entre la familia y los amigos allá en nuestra querida San Cristóbal de La Habana.

Un gran abrazo desde estas lejanas tierras del Viejo Mundo,

Félix José Hernández.

 

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