Las conspiraciones contra Hitler, de Danny Orbach

Cartas a Ofelia / Crónicas literarias 

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Cubamatinal / París, 14 de noviembre de 2018.

La pluma brillante de Danny Orbach nos ofrece un  excelente libro que nos envía a los años terribles del nazismo y sus consecuencias nefastas para no solo Alemania, sino toda Europa y el resto del mundo. Una época de convulsiones en la que tantos trataron de eliminar al origen del Mal :  Adolfo Hitler. Es la historia más completa sobre los intentos de acabar con el dictador nazi.

En enero de 1933, Adolf Hitler era nombrado canciller de Alemania .Apenas un año después, todas las formaciones políticas, excepto el Partido Nacionalsocialista, habían sido ilegalizadas y la tiranía de Hitler imponía su violencia sobre la vida de los ciudadanos. A pesar del riesgo que ello suponía, durante casi todo el régimen nazi hubo mucha gente comprometida en diferentes conspiraciones para acabar con la vida del dictador. Entre las más célebres se cuentan la protagonizada en solitario por el carpintero Georg Elser o la Operación Valquiria, en la que estuvieron involucrados los miembros más granados del estamento militar alemán.

Este libro cuenta los entresijos de las reuniones secretas, las crisis de conciencia, el diseño de los planes y la ejecución de atentados con los que militares, maestros, políticos y diplomáticos no dudaron en arriesgar la vida para matar al Führer.

“El 30 de enero de 1933, la víspera de la toma del poder por parte de los nazis, seguía sin estar claro si Hitler y los nacionalsocialistas podrían gobernar Alemania sin un enfrentamiento violento. Los dos partidos de la oposición antinazi, los comunistas y los socialdemócratas, seguían teniendo extensas  redes de activistas, muchos de ellos armados. Agrupaban a millones de seguidores fieles, clubes y sindicatos, y hombres jóvenes más que suficientes que estaban dispuestos a luchar. Al cabo  de un año, todas estas redes de oposición aparentemente formidables habían desaparecido, consumidas por el fuego.

La noche del 27 de febrero de 1933, dos transeúntes y un policía paseaban cerca del Reichstag, la impresionante sede del Parlamento alemán en Berlín, cuando algo inesperado les llamó la atención. Una luz, un parpadeo extraño, bailaba detrás de las ventanas, seguido de una sombra que se movía con rapidez. El policía supo inmediatamente que estaba presenciando un incendio provocado y pidió refuerzos. La policía entró en grupo en el Reichstag, avanzando a través de una pantalla de humo negro y espeso. Con rapidez, descubrieron al misterioso asaltante que se escabullía de una habitación, medio desnudo, cubierto de sudor, con el rostro rojo como un tomate y el pelo alborotado. El pasaporte que llevaba encima indicaba que su nombre era Marinus van der Lubbe, un ciudadano holandés. Había utilizado su camisa y una lata de gasolina para provocar el incendio. Al preguntarle por las razones, respondió: «¡Protesta! ¡Protesta!».

Pocos de los muchos berlineses que fueron testigos horrorizados  de las llamas podían imaginar que el nuevo canciller del Reich, Adolf Hitler, iba a utilizar el incendio como excusa para destruir todas las redes, organizaciones y partidos de la oposición en Alemania. El canciller, que había sido nombrado sólo un mes antes, el 30 de enero, destruyó en menos de un año los partidos políticos de todas las tendencias, la autonomía del Estado alemán y el poder de los sindicatos. La oleada de cambios también barrió al funcionariado civil, el sistema judicial,  las escuelas y las universidades, y, lo que es aún más importante, el Ejército. A finales de 1934, Hitler y su partido nazi eran los únicos amos de Alemania, y no encontraban ningún obstáculo eficaz de una oposición activa o potencial.

Los políticos del nuevo régimen llegaron con rapidez al edificio en llamas. El primero de ellos fue Hermann Göring, uno de los paladines de Hitler y presidente del Reichstag. El comandante  de los bomberos le presentó un informe sobre los trabajos infructuosos de extinción del fuego, pero Göring estaba más interesado  en extinguir otra cosa. «Los culpables son los revolucionarios comunistas», afirmó. «Este acto es el inicio del levantamiento comunista, que es preciso aplastar inmediatamente con puño de hierro.» Hitler y su jefe de propaganda, Josef Goebbels, no le iban a la zaga. «A partir de este día», declaró el nuevo canciller, «cualquiera que se interponga en nuestro camino será aplastado. El pueblo alemán no comprenderá la indulgencia. Hay que colgar esta misma noche a los diputados comunistas.»

El Reichstag, una de las últimas reliquias de la moribunda República de Weimar, quedó reducido a una carcasa ennegrecida. La alarma cundió por todo el país, alimentada por los titulares sensacionalistas de los periódicos matutinos.  «contra asesinos, incendiarios y envenenadores sólo puede haber una defensa rigurosa», decía uno de ellos. «contra el terror, castigo con la pena de muerte.»

La alarma se convirtió pronto en histeria. «Querían enviar grupos armados a los pueblos para asesinar e incendiar», anotó en su diario Luise Solmitz, una maestra de  escuela conservadora. «Así que los comunistas han quemado el Reichstag», escribió Sebastian Haffner, un joven jurista y uno de los pocos escépticos que quedaban:

Podría ser así, incluso era lo que cabía esperar. Sin embargo, resulta curioso que escogieran el Reichstag, un edificio vacío, donde  nadie se podría beneficiar del fuego. Bueno, quizá se pretendía que fuera realmente la «señal» para el levantamiento, que ha sido evitado por las «medidas decisivas» emprendidas por el Gobierno. Eso era lo que decían los periódicos, y sonaba plausible. También resulta curioso que los nazis se indignaran tanto por el Reichstag. Hasta entonces lo habían llamado con desprecio una «fábrica de cháchara». Ahora de repente se ha convertido en el sanctasanctórum que han quemado […]. Lo principal es que se ha evitado el peligro de un levantamiento comunista y podemos dormir tranquilos. »

“Del conde Stauffenberg al lobo solitario Georg Elser, el historiador Danny Orbach investiga los intentos de la resistencia alemana de eliminar al Führer.” El Periódico

“La conclusión de Danny Orbach es que los conspiradores contra Hitler no fueron caballeros de impoluta y brillante armadura, sino hombres inmersos en una durísima situación, en una permanente lucha entre deber, patria, moral, honor, familia y miedo.” La Razón

“La historia definitiva de los esfuerzos antinazis para derrocar a Hitler…Una lectura fascinante.” Jewis Book Council.

“Una extraordinaria historia de coraje y un excelente estudio de la lucha del ser humano por actuar moral y honorablemente.” Publishers Weekly

Danny Orbach cursó estudios en las universidades de Tel Aviv, Tokio y Harvard. Se ha especializado en materias como la resistencia militar, la desobediencia, la historia de las rebeliones y la violencia política. Es historiador y profesor en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Veterano de los servicios secretos israelíes, ha escrito abundantemente sobre temas de historia alemana, japonesa y del Oriente Próximo.

Las conspiraciones contra Hitler. Danny Orbach.Título original:  The Plots Against Hitler. © de la traducción: Francisco García Lorenzana, 2018. Reservados todos los derechos de esta edición para Tusquets Editores. Temática: Historia / Segunda Guerra Mundial. Colección Tiempos de Memoria 120. Ilustración de la cubierta :  © M. Kjeldgaard / Akg-images / Album. Rústica con solapas – 14,8 x 22,5 cm – 480 páginas –  24,00 euros – ISBN: 978-84-9066-563-3

Félix José Hernández.


Información vinculada (Cubamatinal) 

42 planes para matar a Hitler HD

 

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