En Casablanca con el Costa Favolosa

Cartas a Ofelia / Crónicas de cruceros

hasantres

En la Plaza de la espléndida mezquita Hassan II de Casablanca.

 

Cubamatinal / París, 23 de diciembre de 2018.

Querida Ofelia;

Amanecimos el 25 de noviembre pasado en Casablanca, bajo un cielo brillante y con +13°c que llegarían por la tarde a +18°c. Esta es una ciudad misteriosa. No se puede olvidar visitar su Medina y sus pequeños comercios donde los turistas suelen regatear, lo cual  es todo un arte y disfrutan de su original gastronomía.

Casablanca, el auténtico centro neurálgico del comercio marroquí, es una ciudad que uno no se puede perder. Caracterizada por una gran influencia francesa, Casablanca representa la fusión de estilos arquitectónicos moriscos y una cultura muy occidental. No se puede volver de Casablanca sin haber ido a ver su magnífico alminar en la mezquita de Hassan II. Y disfrutar de un agradable paseo por el Parque de la Liga Árabe y el Palacio Real, situados en el barrio de Habous.

Antes de volver a embarcar en el puerto de Casablanca hay que dar una vuelta por la antigua Medina y sus pequeños comercios es el destino perfecto para degustar la cocina tradicional marroquí.

Dejamos el puerto de Casablanca para hacer un recorrido panorámico en autocar por sus barrios más modernos, construidos a partir de principios del siglo XX siguiendo un plan urbanístico destinado a transformar la ciudad y planificar su crecimiento, que ha sido extraordinario.  Hicimos una parada en la Plaza de Mohammed V, el centro neurálgico de la ciudad y un complejo arquitectónico islámico de moderna construcción, inspirado en las tradiciones nacionales.

Atravesamos en autocar el Parque de la Liga árabe y recorrimos el Boulevard Moulay Youssef, una de las arterias principales de la ciudad, bordeada por elegantes casas con influencias modernistas y neo moriscas.  Desde allí llegamos a la mezquita más grande del mundo, solo después de la de La Meca: la Mezquita de Hassan II que, de acuerdo con los deseos del soberano que le da nombre, simboliza un Islam abierto al mundo y a las ciencias. Se trata de una sorprendente obra maestra de arte y tecnología, con un monumental minarete de 210 metros. 

Su interior es fastuoso, todo construido con materiales nobles : mármol, granito, maderas preciosas, cristales, etc.

El guía del recorrido por la ciudad fue un señor de fuerte carácter que respondía secamente a las preguntas de los turistas. Pero el que nos guió por el interior de la espléndida mezquita fue excelente.

Los barrios muy pobres están en el centro de la ciudad, encerrados por un alto muro con una sola entrada.

Hay miles de palmeras a todo lo largo de avenidas y bulevares.

Nuestra excursión acabó con una parada en una de las famosas farmacias bereberes del bazar donde nos mostraron los supuestos poderes benéficos de las plantas y del aceite de argán, un producto típico de la región.

Regresamos al Costa Favolosa a almorzar. Nuestro Ristorante Duca d’Orléans celebró ese día la cocina del Véneto, de ingredientes sencillos y sabores marcados.

Sedas y brocados, máscaras, caballeros y damas que sonríen locuaces en las danzas del Carnaval. Durante esos días es posible burlarse de las autoridades y mofarse de la moral, con la garantía del anonimato; no hay distinciones entre pobres y ricos y se puede negar y alterar lo que uno es, mientras que las montañas, a espaldas de la laguna, siguen siendo las guardianas, silenciosas, de la festiva falsedad.

En el aroma de un vaso de vino encontramos el olor de la tierra grasa, que nos conduce a la realidad de una región antigua y principalmente campesina. La mesa refleja esta matriz con una cocina pobre pero de gran gusto, expresada en algunos platos de una tradición local hecha de ingredientes sencillos pero de sabores marcados, como la pasta con alubias a la véneta, los tubetti con salchicha luganega al vino blanco, el hígado a la veneciana…

El hígado a la veneciana es una receta antiquísima que se remonta a la época de los romanos que, para cubrir el olor a hierro del hígado, usaban la dulzura de los higos, reemplazados después por los venecianos con las cebollas hasta llegar a ser un gran clásico de la cultura culinaria territorial italiana. La dulzura y la textura de las cebollas estofadas acogen la densidad del hígado devolviendo al paladar un equilibrio osado de azúcares y una sinfonía de sabores que claman un trago de vino para extasiarnos.

Almorzamos :

Hígado a la veneciana,

Pasta Tubetti con salchicha luganega y vino blanco.

Rollo de pez espada con salsa Salmoriglio.  

Blanc Manger: Mousse de almendras. 

Al descender del barco a las 5 p.m., tomamos el autocar. Nuestro recorrido continuó por las grandes avenidas del centro de la ciudad, donde nuestro guía nos mostró el Casablanca Twin Center, un gran complejo posmoderno formado por dos torres gemelas de 115 metros de altura, separadas entre sí por una imponente escalinata de mármol.

Tomamos rumbo al paseo marítimo y recorrimos la famosa Corniche, donde se encuentran los locales más de moda, elegantes terrazas, refinados hoteles y zonas de baño equipadas, hasta llegar al Restaurante Basmane del Hôtel Club Val d’Anfa. Imposible quedarse indiferente ante la atmósfera de auténtico encanto, romántica, cálida, acogedora, casi sensual, de este interior marroquí donde nada se ha dejado al azar, ni siquiera el servicio, que es exquisito y discreto. Velas por todas partes, decoraciones magrebíes de otros tiempos pero todavía hoy de gran atractivo, como las cerámicas decoradas a mano de las paredes y los techos taraceados que recrean una sofisticada intimidad, con el ritmo repetitivo y relajante de una fuente decorada con mil mosaicos de colores. Nos envolvieron  los perfumes y sabores de la más auténtica cocina local, servida en vajilla de Limoges. Su secreto reside en el equilibrio entre lo dulce y lo salado, y en el sabio y delicado uso de diversas especias e hierbas aromáticas. Los compases de la música árabe-andalusí y las  tradicionales Danzas del Vientre amenizaron la velada.

Por último, después de tomar el típico té con menta, el símbolo por excelencia de la hospitalidad marroquí, nos dirigimos de nuevo en el autocar para volver a recorrer la Corniche y su animada vida nocturna. De vuelta al barco, contemplamos por última vez la Mezquita de Hassan II que, envuelta por una admirable y mágica iluminación, parece —como dicen con orgullo los habitantes de Casablanca— una creación divina que surge del océano.

Un guardia nos acompañó al igual que en la excursión diurna. Ocurrió algo desagradable al salir del restaurante para dirigirnos al autocar, ya que un niño de unos ocho años se acercó a uno de los turistas extendiéndole la mano. Inmediatamente el guardia le dio un cocotazo, lo alzó por el cuello de su camisa y lo lanzó brutalmente a un costado.

Esa noche retrasamos una hora nuestros relojes.

A las 11 p.m. el Costa Favolosa partió rumbo a Funchal (Madeira).

En mi próxima carta te contaré sobre la capital de esa bella isla.

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández.

Esta entrada fue publicada en Cartas a Ofelia, Cultura, Internacionales, Otros temas de interes, Paquetes Informativos y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.