La muerte del comendador (Libro 1), de Haruki Murakami

Cartas a Ofelia / Crónicas literarias

comendador

 

Cubamatinal / París, 13 de enero de 2019.

El gran Haruki Murakami, nos ofrece una excelente novela, de la cual nos es difícil desprendernos. Es un libro que engancha por su gran calidad literaria y su inquietante historia donde se entrelazan el mal, el arte, la soledad, el amor y la tensión que despierta a lo largo de sus páginas. ¡Sencillamente apasionante!

 

“Si la superficie estaba empañada

 Desde el mes de mayo de aquel año hasta principios del año siguiente viví en una casa en lo alto de una montaña junto a un estrecho valle, en el que durante el verano llovía sin parar a pesar de que un poco más allá estuviera despejado. Esto se debía a que desde el mar, que se hallaba bastante próximo, soplaba una brisa del sudoeste cargada de humedad que entraba en el valle, ascendía por las laderas de las montañas y terminaba por precipitarse en forma de lluvia. La casa estaba justo en la linde de ese cambio meteorológico y a menudo se veía despejado por la parte de delante, mientras que por atrás amenazaban unos nubarrones negros. Al principio me resultaba de lo más extraño, pero me acostumbré enseguida y terminó por convertirse en algo normal.

Cuando arreciaba el viento, las nubes bajas y dispersas que había sobre las montañas flotaban como almas errantes que regresaran al presente desde tiempos remotos en busca de una memoria ya perdida. A veces caía una lluvia blanquecina como la nieve, que danzaba silenciosa a merced de las corrientes de aire. Casi siempre soplaba el viento y el calor del verano se soportaba sin necesidad de encender el aire acondicionado.

La casa, pequeña y vieja, tenía un extenso jardín. Si lo descuidaba durante un tiempo, las malas hierbas lo invadían todo y alcanzaban una altura considerable.

Una familia de gatos aprovechaba entonces para instalarse allí entre las plantas, pero en cuanto aparecía el jardinero y quitaba la maleza, se esfumaban. Era una hembra de pelo rayado con tres gatitos. Tenía una mirada severa y estaba tan flaca que daba la impresión de que sobrevivir era el único esfuerzo del que era capaz.

La casa estaba construida en lo alto de la montaña, y desde la terraza orientada al sudoeste se atisbaba el mar a lo lejos entre los árboles. La porción de mar que se podía ver no era muy grande, parecía la cantidad de agua que cabría en un balde: un trozo diminuto del inmenso océano Pacífico. Un conocido que trabajaba en una agencia inmobiliaria me había dicho que el valor de las casas variaba mucho en función de si se veía el mar o no, aunque solo se tratase de una porción minúscula. A mí me resultaba indiferente. Desde aquella distancia, tan solo parecía un trozo de plomo de color apagado. No entendía el porqué de tanto afán por ver el mar. Yo prefería contemplar las montañas. Según la estación del año, y la meteorología, su aspecto variaba por completo y nunca me aburría. De hecho, me alegraban el corazón.

Por aquel entonces, mi mujer y yo habíamos suspendido temporalmente nuestra vida en común. Incluso llegamos a firmar los papeles del divorcio, pero después sucedieron muchas cosas y al final decidimos darnos otra oportunidad.

Resulta complicado entender una situación así en todos sus detalles. Y ni siquiera nosotros somos capaces de discernir las causas y las consecuencias de los hechos que vivimos, pero si tuviera que resumirlo de algún modo, diría con palabras corrientes que después de un «ahí te quedas», volvimos al punto de partida.

Entre ese antes y ese después de mi vida matrimonial viví un lapso de nueve meses, que siempre me pareció como un canal abierto en un istmo.

Nueve meses. No sabría decir si ese periodo de Tiempo me resultó largo o corto. Si miro atrás, la separación me resulta infinita y, al mismo tiempo, tengo la sensación de que transcurrió en un abrir y cerrar de ojos. La impresión cambia de un día para otro. A veces, cuando se quiere dar una idea aproximada del tamaño real de determinado objeto en una fotografía, se pone al lado del objeto una cajetilla de tabaco como referencia. En mi caso, la cajetilla de tabaco que debería servir como punto de referencia en la serie de imágenes que conservo en la memoria aumenta o disminuye de tamaño en función de mi estado de ánimo. De la misma manera que dentro de mis recuerdos cambian las circunstancias y los acontecimientos sin cesar, también la vara de medir, que debería ser fija e invariable, está en constante transformación, como para llevar la contraria.

Eso no quiere decir que todo, absolutamente todo lo que ha ocurrido en mi vida, se transforme y cambie de una manera disparatada. Hasta ese momento, mi vida había transcurrido de una manera apacible, coherente, razonable. Solo durante esos nueve meses viví en un estado de confusión que no logro explicarme. Fue una época anormal, excepcional. Me sentía como un bañista que está disfrutando de un mar en calma y de pronto es arrastrado por la fuerza de un remolino.”

“Se trata de «una historia adictiva e inquietante» en torno a la soledad, el amor, el arte y el mal, con un homenaje a «El gran Gatsby», y está concebida en dos partes.” ABC

“La muerte del comendador, I es un puzle en el que Murakami pone todas las piezas boca arriba y marca los bordes. En la segunda parte, todo habrá de encajar.” El Mundo

“La obra tiene al parecer más carga sexual que anteriores novelas en las que ya iba bastante sobrado, lo que es un buen aliciente.” El Periódico

“La nueva novela del gran autor japonés Haruki Murakami, incluye (para empezar) una misteriosa campana que suena sola, una idea abstracta que roba el cuerpo de un hombre de 60 cm en una pintura, y un extraño viaje a un submundo frecuentado, entre otras cosas, por algunas temibles Metáforas Dobles.” Clarín Cultura

“Murakami se supera a sí mismo.”Freie Press

“Murakami tiene el don de crear sueños y, a la vez, de permanecer totalmente despierto.” NZZ am Sonntag

«Una explosiva abundancia de temas unidas por una trama que se parece a una pieza maestra de jazz: está tan bien atinada que, simplemente, hay que seguir  escuchando.» Felix Müller, Berliner Morgenpost

“Un libro que no puedes soltar.” Birgit Ruf, Nürnberger Nachrichtnen

“El libro primero es tan magníficamente inspirador que, al leerlo, uno cree que un resucitado Edgar Allan Poe ha continuado el Doktor Faustus de Thomas Mann.” Peter Mohr,Rheinische Post

“De lectura absolutamente fantástica, fantástica de verdad…. Quien haya perdido la capacidad de asombrarse debe leer a Murakami a modo de terapia.” Hildegard Keller, SRF- Literaturclub

«Bajo la tersa superficie de este libro, el lector percibe oscuros secretos escondidos.” Süddeutsche Zeitung

«Este libro me ha arrastrado, ciertamente. a una atmósfera  inquietante … El lector tiene palpitaciones casi todo el rato…Murakami consigue mantener una tensión asombrosa.” Christine Lötscher, Radio SRF2 Kultur

En plena crisis de pareja, un retratista de cierto prestigio abandona Tokio en dirección al norte de Japón. Confuso, sumido en sus recuerdos, deambula por el país hasta que, finalmente, un amigo le ofrece instalarse en una pequeña casa aislada, rodeada de bosques, que pertenece a su padre, un pintor famoso.

En suma, un lugar donde retirarse durante un tiempo. En esa casa de paredes vacías, tras oír extraños ruidos, el protagonista descubre en un desván lo que parece un cuadro, envuelto y con una etiqueta en la que se lee: «La muerte del comendador». Cuando se decida a desenvolverlo se abrirá ante él un extraño mundo donde la ópera Don Giovanni de Mozart, el encargo de un retrato, una tímida adolescente y, por supuesto, un comendador, sembrarán de incógnitas su vida, hasta hace poco anodina y rutinaria.

Este primer volumen de la novela La muerte del comendador es un fascinante laberinto donde lo cotidiano se ve invadido de señales indescifrables, de preguntas cuya respuesta todavía está lejos de vislumbrarse. El lector, al igual que el protagonista, deberá permanecer muy atento.

Haruki Murakami (Kioto, 1949) es uno de los pocos autores japoneses que han dado el salto de escritor de prestigio a autor con grandes ventas en todo el mundo. Ha recibido numerosos premios, entre ellos el Noma, el Tanizaki, el Yomiuri, el Franz Kafka, el Jerusalem Prize o el Hans Christian Andersen, y su nombre suena reiteradamente como candidato al Nobel de Literatura. En España, ha merecido el Premio Arcebispo Juan de San Clemente, la Orden de las Artes y las Letras, concedida por el Gobierno español, y el Premi Internacional Catalunya 2011. Tusquets Editores ha publicado todas sus novelas Escucha la canción del viento y Pinball 1973; La caza del carnero salvaje; El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas; Tokio blues. Norwegian Wood; Baila, baila, baila; Al sur de la frontera, al oeste del Sol; Crónica del pájaro que da cuerda al mundo; Sputnik, mi amor; Kafka en la orilla; After Dark; 1Q84, Los años de peregrinación del chico sin color y La muerte del comendador (Libro 1)—, así como los libros de relatos El elefante desaparece, Después del terremoto, Sauce ciego, mujer dormida y Hombres sin mujeres, la personalísima obra Underground, los ensayos titulados De qué hablo cuando hablo de correr y De qué hablo cuando hablo de escribir, y el bello relato ilustrado La chica del cumpleaños.

La muerte del comendador. Libro 1: Una idea hecha realidad.Haruki Murakami.  1.ª edición: octubre de 2018. © 2017 by Haruki Murakami. Novela literaria. Traducción del japonés de Fernando Cordobés y de Yoko Ogihara. Diseño de la colección Andanzas: Guillemot – Navares. Reservados todos los derechos de esta edición para Tusquets Editores, S.A. Ilustración de cubierta: © David de las Heras. Rústica con solapas. 14,8 x 22,5 cm – 480 páginas – 21,90 euros – Ebook disponible. ISBN: 978-84-9066-564-0

Félix José Hernández.

 

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