Piedras negras, de Eugenio Fuentes

Cartas a Ofelia / Crónicas literarias 

piedras

Cubamatinal / París, 6 de mayo de 2019.

Esta magnífica novela negra, me ha hecho descubrir a Eugenio Fuentes. El autor logra que uno mantenga el interés por saber los resultados de sus investigaciones y, trate de imaginar el desenlace, siguiendo sus pistas. Sus personajes están muy bien logrados y la intriga es excelente. ¡Una novela apasionante!

Un nuevo caso del detective Ricardo Cupido, en un Toledo espectral, donde el pasado ajusta cuentas y se cobra sus víctimas.

—¡Vaya! Toma, es la carta que te escribió la abuela.

En el sobre, de tamaño folio, había un puñado de hojas manuscritas con un título, BREDA, y dos sobres más pequeños, ambos cerrados. Uno contenía un fajo de billetes de cien euros. En el otro había dos cuartillas escritas en español—para evitar las faltas de ortografía que seguía cometiendo en francés— con la letra redonda y uniforme de su abuela, muy entintada, porque siempre escribía con pluma. Comenzó a leer en silencio mientras su padre recostaba la cabeza hacia atrás en el sillón y cerraba los ojos, con el rostro desfigurado por la tensión y el cansancio.

Querida nieta:

No sé cuánto tiempo pasará aún hasta que leas esta carta. En todo caso será cuando yo haya muerto. La había escrito dos veces, y dos veces la rompí, dudando si debía implicarte en este encargo, pero esta vez no la destruiré. No puedo posponerla más, porque no sé si mañana encontraría las palabras necesarias. Ahora es un buen momento: estoy sola, con la casa en silencio, con tiempo para buscar la expresión más correcta. Y seré breve.

Voy a hacerte un encargo que solo tú puedes cumplir. Tu padre y tu tío Jean-Luc están demasiado enfrascados en sus cosas y, además, a ellos nunca les ha gustado que hable de esto. Lo mantuve oculto durante tanto tiempo que, cuan-do al fin se lo dije, no quisieron creerme, lo consideraron una fantasía, una consecuencia más de esta enfermedad que devora mi memoria y mezcla lo soñado con lo vivido. Y a tus primos gemelos no les interesa nada lo de España. Tú, en cambio, siempre me has escuchado, quizá porque eres la única mujer de la familia, y puedes entender lo que significa mi petición. Para poder cumplirla deberás emprender un viaje, pero no te causará ningún daño. Al contrario, cabe la posibilidad de que te enriquezca de algún modo.

Quiero que vayas a España a buscar a mi hijo, a mi primer hijo. Nació en el hospital militar de Ciempozuelos el 5 de febrero de 1938, unos años antes que tu padre y que tus otros tíos. Fue fruto del amor, pero lo perdí. Me lo quitó la guerra y yo no tuve ni el coraje ni las fuerzas suficientes para retenerlo conmigo. No hice todo lo necesario. Durante muchos años creí que había conseguido, si no olvidarlo, sí resignarme a su pérdida. Me había casado con tu abuelo Émile, que tanto bienestar me dio. Pero ahora sé que no tardaré mucho en morir. O en olvidar, que es otra forma de morir. Y los recuerdos más lejanos han vuelto con mayor claridad, como si la enfermedad fuera descorriendo los velos que los cubrían.

Imagino la sorpresa que te estará causando esta carta y las preguntas que te estarás haciendo. Tienes todos los detalles de su nacimiento en estos folios, donde he anotado los lugares, las personas, las fechas que aún recuerdo y que no olvido, aunque se me olvide lo que ocurrió ayer.

Quiero que encuentres a mi hijo y le pidas que me perdone. Solo así podré descansar en paz. Tu abuela Marta, que tanto te quiere.

Marthe se quedó pensativa, con la cabeza agachada y un ligero temblor en la mano que sostenía la carta. La palabra «hijo» era la última que deseaba oír, estaba llena de espinas y, sin embargo, en boca de su abuela adquiría una inmensa dulzura. Acostumbrada a verla en casa, caminando despacio, sobrellevando sus achaques, con el rostro lleno de arrugas y las manos artríticas, hinchadas en las articulaciones pero aún capaces de sacar pasión de la viola, el contenido de la carta era una enorme sorpresa. Nunca había pensado que también ella había sido una muchacha de veinte años que un día amó a un hombre y lo besó con pasión, con la boca llena de luz, y se estremeció de placer en noches ardientes y sonámbulas, y fue feliz en sus brazos y desdichada al perderlo, y luego abrió su vientre tierno y elástico para arrojar al mundo un hijo entre sangre y humores… Cuando levantó la vista, su padre estaba mirándola, intrigado.

—¿Qué te dice?

—Quiere que vaya a España —respondió, como si aún estuviera viva.

—¡¿A España?!

—A buscar a un hijo que tuvo antes que a vosotros. En la guerra —añadió—. Ya me lo había dicho algunas veces.

Su padre suspiró y se frotó los ojos.

—Tu abuela se obsesionó con esa historia en los últimos años, pero ni siquiera tenemos la certeza de que ese hijo exista. Busqué por internet si había alguien con su apellido en ese lugar donde decía que nació, Ciempozuelos… ¡Y no encontré ninguna pista! Tu abuela no trajo de allí ningún documento que lo demuestre, se vino con las manos vacías, huyendo de una guerra que terminó en 1939. ¡Y estamos en el año 2004, Marthe! ¿Cómo podríamos encontrar algo después de sesenta y cinco años? Es imposible. ¿Y ahora quieres ir allí abajo?

—No lo sé —respondió Marthe guardando la carta en el sobre.

—El ambiente no debe de estar muy tranquilo después de esos horribles atentados en los trenes, hace un par de meses.

—Lo sé.

—Y en el caso improbable de encontrar a quien ni siquiera sabemos si existe —insistió—, ¿qué tendrías que decirle?

—Tendría que pedirle perdón en nombre de la abuela.

—¿Perdón? ¿Por qué?

—No lo sé. Supongo que por haberlo abandonado.

Su padre volvió a quedarse pensativo.

—Que perdone a alguien que ya no vive.

—Papá, esta es una historia de muertos.”

Cuando, en mayo de 2004, Marta Medina falleció en Toulouse, y se lee su testamento, su nieta Marthe escucha con asombro que debe buscar a un hijo de Marta nacido durante la Guerra Civil y que dio en adopción. Tras viajar a España, la nieta encarga la investigación a Ricardo Cupido. El detective encuentra en Toledo al hijo de Marta: se llama Alejandro Garcilaso y es un hombre muy rico, padre, a su vez, de una hija ilegítima. Sin embargo, Alejandro se niega a aceptar esa perturbadora noticia, y Marthe regresa a Toulouse. Unos días después, la hija de Alejandro aparece asesinada y éste acudirá a Cupido para que encuentre a los autores del crimen. Su búsqueda llevará a los lectores al epicentro de la burbuja inmobiliaria, a esa época en que la fortuna parecía estar al alcance de cualquiera, cuando emergían con fuerza las nuevas tecnologías y empezaban a desvelarse los «robos» de niños durante la dictadura.

«¡Qué bien le sienta al género negro tener detrás a un buen escritor!» J.M. Pozuelo Yvancos, Abc Cultural

«Las novelas de Eugenio Fuentes están soberbiamente escritas. Y sus tramas, suspendidas hasta las últimas páginas.» J.Ernesto Ayala-Dip, Babelia (El País)

Eugenio Fuentes nació en Montehermoso (Cáceres) en 1958. Galardonado con varios premios y traducido en doce países, Fuentes ha logrado con éxito situarse como uno de los autores españoles de novela negra con mayor proyección en el extranjero gracias a su detective privado Ricardo Cupido, protagonista de las novelas El interior del bosque (IX Premio Alba/Prensa Canaria, Andanzas 663), La sangre de los ángeles (2001), Las manos del pianista (Andanzas 504) y Cuerpo a cuerpo (Premio Brigada 21 en 2008 a la mejor novela policiaca escrita en castellano; Andanzas 624). A ellas viene a sumarse ahora Contrarreloj, en la que Cupido se traslada a un escenario apasionante como es el Tour de Francia. Autor de un volumen de cuentos, Vías muertas (1997), y otro de ensayos literarios, La mitad de Occidente (2003), Eugenio Fuentes también ha publicado en Tusquets Editores Venas de nieve (Andanzas 571), una historia en torno a la lucha contra la fatalidad, narrada con pulso maestro, que le valió el Premio Extremadura a la Creación.

Piedras negras. Eugenio Fuentes. Novela negra. Reservados todos los derechos de esta edición para Tusquets Editores, S.A. Colección Andanzas 934. Diseño de la colección: Guillemot-Navares. © Eugenio Fuentes, 2019. Rústica con solapas. Ilustración de la cubierta: © Jesús M. García / Getty Images. 14,8 x 22,5 cm – 368 páginas – 19 euros. Ebook disponible. ISBN: 978-84-9066-629-6

Félix José Hernández.

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