Habana, hermosa Habana…

Opinión / Memorias de lo que fue

Cubamatinal / Cuando alguien decía en la Cuba republicana: qué cosa más grande… la réplica usual era: grande es La Habana y se barre diariamente. Y ciertamente se barría.

Por Germán M. González

Bauta, 17 de noviembre de 2019 / CM / San Cristóbal de La Habana, nombre fundacional, actualmente La Habana, es la capital de Cuba y su mayor ciudad. Fundada originalmente (1514) en la costa casi al sur de su ubicación actual los habitantes de la futura urbe se trasladaron primero para la desembocadura del río Almendares y finalmente a las inmediaciones de la bahía habanera cinco años más tarde, por tanto, en este 2019 se celebra el quingentésimo año de la fundación de la ciudad, cuyos hitos históricos más importantes son:

1561 la Corona española dispone que sea lugar de reunión de los navíos que procedentes de las colonias americanas para formar la Flota de Indias. 1592 Felipe II le otorga el título de Ciudad. 1649 una epidemia de peste extermina la tercera parte de la población. 1728 se funda la Real y Pontificia Universidad de San Jerónimo. 1762, una armada británica, con más de 50 navíos y 14.000 hombres ataca y luego de dos meses de asedio toma la ciudad. Once meses más tarde España recobra la ciudad a cambio de la península de La Florida.

Como consecuencia de la ocupación por los ingleses La Habana —y Cuba en general— se
abre al mundo, hubo mayor libertad de comercio y religiosa; se intensifica la infame trata de esclavos; surge la sacarocracia criolla a partir de desarrollo de la industria azucarera basada en la economía de plantación esclavista; se construye el primer ferrocarril en territorio español, quinto en el mundo y el primero en territorio de habla española.

Durante los siglo XVIII y XIX la ciudad crece, se derriba la muralla para construir los barrios extramuros con suntuosos edificios. Durante esa época se proyecta y termina en 1893 el Acueducto de Albear, una de las siete maravillas de la Ingeniería Civil cubana que aun abastece a gran parte de la ciudad.

No obstante esos progresos en 1898 al cesar la dominación española La Habana era una
ciudad insalubre, sin alcantarillado, poca dotación hospitalaria, el índice de analfabetismo alcanzaba el 42% (60% para toda Cuba) y para nada parecida a una urbe moderna en cuanto a los servicios públicos.

Derrotada España en la Guerra hispano-estadounidense-cubana: El gobierno interventor  estadounidense (1898-1902) fue en realidad pre republicano, pues todos los secretarios (ministros) alcaldes y gobernadores, así como el resto de las autoridades fueron cubanos, en su mayoría oficiales y altos oficiales del Ejército Libertador o civiles de notoria trayectoria, Juan Gualberto Gómez, Enrique José Varona, Carlos J. Finlay entre ellos.

Durante esos cuatro años se saneó la ciudad, se erradicó la fiebre amarilla, se organizó la
salud y la educación pública y comenzó el desarrollo de los servicios de transporte,
comunicaciones, etc.

Con la instauración de la República en 1902 comienza el despliegue económico y social del país. Cuba es después de México el segundo en volumen de inversiones estadounidenses, recibe más de un millón de inmigrantes, de España, Asia y el Caribe; eso unido al crecimiento natural multiplica la población por cuatro en los próximos cincuenta años, el Producto Interno Bruto se multiplica por diez, la balanza comercial es sumamente positiva lo cual significa una moneda sólida, a la par del dólar estadounidense y en 1958 no existía deuda externa de consideración y sí una reserva en el Banco Nacional de más de 600 millones de pesos (=USD).

Esto se refleja en la Capital que se sitúa entre las primeras ciudades del mundo y puntera en América Latina en tranvías eléctricos, telefonía, radio, televisión, prensa escrita con más de 16 diarios y varias revistas entre las mejores del mundo hispano hablante.

Digamos que en cada uno de esos temas La Habana estaba varios años por delante de las principales ciudades españolas.

Casi todos los hospitales actuales se construyeron en esa época, excepto el Hermanos Ameijeiras, al alcance de los vecinos del barrio o de las élites, pero no del común de los cubanos de adentro y de abajo y el CIMEX aún más exclusivo para extranjeros que paguen en divisas o pertenezcan a la élite militar y/o partidista, como en otras instalaciones (La Pradera, la clínica Cira García, por ejemplo). Las edificaciones hospitalarias al alcance del cubano de a pie hoy estaban ahí en 1958. La cifra de menos de 800 habitantes por médico es aun inalcanzable para muchas ciudades del mundo.

El sistema educacional contaba con una red de escuelas públicas donde impartían docencia graduados de las Escuelas Normales para Maestros, existían suficientes escuelas de enseñanza media (secundaria) y media superior (Institutos de Segunda Enseñanza) donde también impartían la docencia profesionales altamente calificados.

Además se contaba con una amplia red de escuelas privadas, (religiosas incluidas) que complementaban el sistema educativo que garantizaba el 100% de la escolarización existente. La población analfabeta inferior al 10% con más de cien mil habitantes nacidos fuera de Cuba, la mayoría analfabetos el menos en español.

El comercio en la capital era de los más modernos del mundo. Abundaban ya los mercados de autoservicios, las cadenas estadounidenses (los populares Ten Cents y otras) contaban con varias instalaciones y las humildes bodegas y carnicerías presentes en cada cuadra de la ciudad contaban con grandes anaqueles y refrigeradores de dos o tres puertas. El servicio de mensajería a domicilio estaba ampliamente difundido, nadie salía de su casa a comprar pan, leche, la prensa, medicamentos, etc.

También en la República se construyeron las vías que hicieron de la ciudad una urbe moderna, el túnel de la bahía, los dos túneles del Almendares; la avenida de Boyeros; calles 41; 31; 23; Quinta Avenida; Vía Blanca, Autopista del Mediodía, Calle 100, entre otras.

Mención aparte para la arquitectura cubana situada junto con Buenos Aires como la vanguardia de América. Lo mejor, más bello y funcional se edificó en la época republicana. De las siete maravillas de la ingeniería civil cubana cuatro se proyectaron y ejecutaron en La Habana, una en la colonia (acueducto de Albear), tres durante la República (Edificio FOCSA, Túnel de la Bahía, alcantarillado con sifón bajo la bahía) y los tramos iniciales de la Carretera Central hacia Oriente y Occidente.

A esas maravillas pudieran añadirse por sus valores y características el Malecón, el Capitolio, el Palacio Presidencial, el Hotel Nacional, El teatro Blanquita (hoy Carlos Marx), la Plaza Cívica José Martí (hoy Plaza de la Revolución) y muchísimos otros, cada uno con su propia fascinante historia. Los más emblemáticos —solo una opinión— resultan el Malecón habanero y la Plaza Cívica José Martí.

Uno porque su construcción por tramos comenzó con la República, cada período presidencial le añadió uno hasta 1952, todo un símbolo. Y porque representa el lugar más concurrido por la población habanera, las noches de intenso calor, más en época de apagones eléctricos, el  malecón brinda brisa marina y fácil socialización entre gentes diferentes.

La Plaza Cívica José Martí se financió por suscripción popular, un peso debió dar cada cubano para contribuir a ello. Se terminó en 1959, Fidel Castro se apoderó de ella y le cambió no solo el nombre que simbolizaba el anhelo republicano martiano, sino que sirvió de escenarios a kilométricos discursos donde como temas recurrentes se demonizaba a Estados Unidos, se dividía a los cubanos y se anulaba el pensamiento cívico que debiera sostener la República.

La era post republicana: Una frase escrita en la Wikipedia resume el cambio ocurrido al tomar el gobierno el actual régimen en 1959 y anular la República al concentrar los poderes en una sola persona:

“Hay un límite muy definido entre la evolución de la arquitectura habanera antes y después de 1959. Desde esta fecha hasta el presente la misma se ha caracterizado por un continuado deterioro y por la ausencia de un criterio de armonía a largo plazo”.

A continuación se explica esta definición con los edificios multifamiliares estilo soviético,
goteantes cajones feísimos; los barrios similares a los de Kiev o Moscú; el mojón gigantesco de la Embajada Soviética y el edificio del Ministerio de Educación, ambos fuera de contexto.

El abandono de La Habana en los primeros treinta años por este régimen termina con la
desaparición de la Unión Soviética y el campo socialista. Pero no de toda la ciudad, ni siquiera de una parte territorial y poblacionalmente significativa, sino de rutas muy marcadas por los “bus-tour” que pasean a los turistas, los lugares accesibles a los cruceristas que desembarcan en el puerto habanero, los alrededores de lugares turísticos y hoteles, etc.

Si Fidel Castro no deseaba el desarrollo de la industria turística para evitar contaminación ideológica y agujeros en el sistema informativo oficial con el desmerengamiento “socialista” se dio a la caza de las divisas que necesitaba, y eso determinó el proceso inversionista en la infraestructura de turismo en general y la “restauración”, maquillaje externo en muchísimos casos a la potencialmente atractiva capital. El abandono inicial, las construcciones de baja calidad (micro brigadas y contingentes, entre los “inventos” de la época) y la falta de un proyecto de desarrollo para la ciudad (si hubiera existido no se siguiera dada la desorganización y apatía oficial) han traído no una ciudad con barrios marginales, sino barrios marginales convertidos en ciudad, con una fachada de modernidad y antigüedad maquillada.

Hoy los basurales desmesurados; las edificaciones en ruinas; los salideros de aguas limpias y albañales y los edificios ruinosos o que son solo fachada y detrás nada, cubren la mayor parte de la ciudad, cuyos habitantes, a quienes la brutal propaganda impregna de la sensación de impotencia y consideran que “esto es así”, no que esto “está así” y puede ser cambiado.

Esa es la ciudad cuya población indiferente ve llegar su quingentésimo año de existencia con festejos que nada le dicen, como los animales de la Granja Manor en la novela Rebelión en la Granja, de George Orwell.

Nota: Todos los datos están tomados de Wikipedia actualizando los datos, de ser necesario, en las fuentes indicadas en el artículo consultado.


Artículos del Autor 

germanmgonzalezGermán M. González

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