Goya or not Goya, that is the questions

Cartas a Ofelia / Crónicas cubano-americanas

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Cubamatinal / París, 13 de julio de 2020.

Estimados amigos:

Se anuncia el “Combate del Siglo” entre una lata de frijoles blancos Goya y una de frijoles negros Conchita. El árbitro será la sazón tropical Badía. Visto los cientos de miles de personas que participarán a este Histórico Momento, se está buscando un lugar dónde se pueda realizar dicho acontecimiento, digno ejemplo del surrealismo tropical. Ya las cadenas de televisión de casi todo el Mundo desean transmitir en directo el combate a latazo limpio. Lo único que podría impedir este acontecimiento digno de entrar en los Anales de la Historia de la Humanidad, sería que la aplanadora de la Calle 8 fuera a destruir todas las latas de productos similares a los de la Heroica Goya.

¡Y que la mejor lata gane!

Por otra parte, se han descubierto daños colaterales para el clima por el aumento del consumo de frijoles negros Goya en la Florida.

Hay un llamado urgente de los científicos ante la masa de gases que se está elevando desde hace poco hacia la capa de ozono desde la Florida. Según fuentes serias se estima que este fenómeno se deba a las flatulencias de los seres humanos, a causa de la gran cantidad de frijoles negros Goya que está consumiendo.

Las flatulencias son un proceso habitual que se produce cuando el gas es liberado en las reacciones químicas de la digestión.

Hasta ahora eran los gases emitidos por los intestinos de las vacas en parte responsables del efecto invernadero. Cada uno de estos animales, y hay millones de ellos, produce a diario entre unos 3 y 4 litros de gas metano, además del óxido nitroso.

Las vacas y los comedores de frijoles negros Goya, son serios responsables del cambio climático. Ambos están poniendo en peligro el clima.

Por favor, coman otros productos que no sean frijoles: ¡Evitemos el cambio climático!

Saludos cordiales desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández.

Nota bene: Cuentan que a Mr. Trump y a Melania les gustan los frijoles negros Goya con ropa vieja y tostones.


Artículos del Autor

Felix Jose Hdez

Crónicas coleccionables. Libros “Cartas a Ofelia”

Cartas a Ofelia es una interesante colección de crónicas escritas durante muchos años por el profesor Félix José Hernández, desde su llegada a París a principios de los años ochenta del pasado siglo XX. Incluye recuerdos de su niñez y juventud en Cuba, así como las memorias del destierro y de la vida en Europa y Estados Unidos. El catálogo de las memorias es inmenso e incluye sus entrevistas a numerosas personalidades y ciudadanos de a pie. Permite recorrer gran cantidad de países desde la óptica de sus frecuentes viajes y cruceros marítimos, o como señala el autor; “cruzar fronteras”. La colección es una verdadera joya literaria que ha recibido numerosos premios internacionales. La recomendamos. Copyright 2011 Cartas a Ofelia. Félix José Hernández Valdés

Ⓒ Cubamatinal (Libre descarga citando la fuente)

 

Día de la Madre de 2020. Carta y versos de José Martí a su madre

Cartas a Ofelia / Carta y versos de José Martí a su madre

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  Desde la cárcel José Martí envió esta foto a su madre y otra a su amigo Fermín Valdés Domínguez. Las dedicó con versos.   

 

 

Cubamatinal / París, 10 de mayo de 2020.

Día de la Madre.

Querida Ofelia:

Te envío como regalo, a ti que has sufrido tanto con la partida de tus hijos hacia el destierro, con tantas humillaciones y bajezas por parte de los “compañeros” del abyecto régimen de los Castro, esta carta y estos versos del más grande los cubanos.

“10 de Noviembre (1869)

Madre mía:

Hace dos días que escribí a V. con un francés que viene a ver a los Domínguez, no el que fue allá, y me ha dicho que no ha podido llevar la carta. Me prometió llevarla. Dígame si va.

Anteayer también escribí a V.; pero no he tenido con quien mandar las cartas y no quiero que pasen en la cantina por la puerta. Como escribo a V. hoy rompo la carta de antier. Ayer estuvo aquí el Fiscal y me preguntó con bastante interés por mi causa y su estado. Le dije lo que sabía; pero es muy extraño esto de que el que me ha de juzgar tenga que preguntarme por qué estoy preso. Según me ha dicho, alguien le ha hablado de mí. Los Domínguez y Sellén saldrán al fin en libertad, y yo me quedaré encerrado. Los resultados de la prisión me espantan muy poco; pero yo no sufro estar preso mucho tiempo. Y esto es lo único que pido. Que se ande aprisa, que al que nada hizo, nada le han de hacer. A lo menos, de nada me podrán culpar que yo no pueda deshacer.

Mucho siento estar metido entre rejas; pero de mucho me sirve mi prisión. Bastantes lecciones me ha dado para mi vida, que auguro que ha de ser corta, y no las dejaré de aprovechar. Tengo 16 años, y muchos viejos me han dicho que parezco un viejo. Y algo tienen razón; porque si tengo en toda su fuerza el atolondramiento y la efervescencia de mis pocos años, tengo en cambio un corazón tan chica como herido.Es verdad que V. padece mucho ; pero también lo es que yo padezco más. ¡Dios quiera que en medio de mi felicidad pueda yo algún día contarle los tropiezos de mi vida!

Estoy preso, y esta es una verdad de Perogrullo, pero nada me hace falta, sino es de cuando en cuando 2 ó 3 rs. para tomar café; pero hoy es la primera vez que me sucede. Sin embargo, cuando se pasa uno sin ver a su familia ni a ninguno de los que quiere, bien puede pasar un día sin tomar café. Papá me dio 5 ó 6 rs. el Lunes. Di 2 ó 3 de limosna y presté 2. Tráiganme el Domingo a alguna de las chiquitas.

Esta es una fea escuela; porque aunque vienen mujeres decentes, no faltan algunas que no lo son. Tan no faltan, que la visita de 4 es diaria. A Dios gracias el cuerpo de las mujeres se hizo para mí de piedra. Su alma es lo inmensamente grande, y si la tienen fea, bien pueden irse a brindar a otro lado sus hermosuras. Todo conseguirá la Cárcel menos hacerme variar de opinión en este asunto. En la Cárcel no he escrito ni un verso. En parte me alegra, porque ya V. sabe cómo son y cómo serán los versos que yo escriba.

Aquí todos me hablan del Sr. Mendive, y esto me alegra. Mándeme libros de versos y uno grande que se llama ‘El Museo Universal’.

Dele su bendición a su hijo.

Pepe

A su madre Doña Leonor Pérez:

Mírame, madre y por tu amor no llores,

Si esclavo de mi edad y mis doctrinas,

Tu mártir corazón llené de espinas,

Piensa que nacen entre espinas flores.

A Fermín Valdés Domínguez:

Hermano de dolor, no mires nunca

En mí al esclavo que cobarde llora,

Ve la imagen robusta de mi alma

Y la página bella de mi historia”.

En 1868, José Martí escribió probablemente sus primeros versos y los dedicó a su madre:

“A MI MADRE

Madre del alma, madre querida,

Son tus natales, quiero cantar;

Porque mi alma, de amor henchida,

Aunque muy joven, nunca se olvida

De la que vida me hubo de dar.

Pasan los años, vuelan las horas

Que yo a tu lado no siento ir,

Por tus caricias arrobadoras

Y las miradas tan seductoras

Que hacen mi pecho fuerte latir.

A Dios yo pido constantemente

Para mis padres vida inmortal;

Porque es muy grato, sobre la frente

Sentir el roce de un beso ardiente

Que de otra boca nunca es igual.”

Querida Ofelia: Solo me queda decirte que te amo y te amaré hasta más allá del final de mi tiempo. Como cada año desde que partiste, en este día tengo una vela encendida junto a una orquídea morada, tu flor preferida.

Félix José Hernández.

Nota bene: Esta crónica aparece en mi libro “Memorias de Exilio”. 370 páginas. Les Éditions du Net, 2019. ISBN: 978-2-312-06902-9

 

 

Mi madre siempre sembró Amor, la de Silvio sigue sembrando odio más feroz

Cartas a Ofelia / Crónicas cubanas

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Cubamatinal París, 10 de mayo de 2020.

Querida Ofelia,

Hoy se celebra el Día de las Madres. Recuerdo que mi madre ponía sobre el pecho de mi hermano y el mío un botón de rosa roja ese día. También como un señor que vivía al doblar de la esquina de mi casa en el terruño caribeño de Camajuaní, salía ese día vestido con guayabera blanca de lino, lazo, sombrero de Panamá y una gran rosa roja en la solapa. Aquello desataba las críticas de los que lo conocían ya que nunca se había ocupado de su madre.

Un viejo amigo me envió el enlace para que pudiera escuchar la canción en la que el “compañero” cantautor oficial del régimen cubano Silvio Rodríguez, le pide a su Madre: “que su nostalgia se vuelva el odio más feroz“.

Para él su Madre es la Patria (Castro) y la Revolución. Me pregunto cuántas decenas de miles de madres cubanas siguen sufriendo a causa de La Madre de Silvio. Sus hijos fueron a parar a los campos de las U.M.A.P y a las cárceles. ¿Cuántos de sus hijos han perdido la vida por tratar de dar la Libertad a nuestra sufrida Patria? ¿Cuántos habrán muerto torturados y asesinados por los que consideran a tu Madre como la de ellos Silvio? ¿Cuántos han sido fusilados o han muerto en el Estrecho de la Florida tratando de llegar a Tierras de Libertad? ¿Cuántos murieron cuando fueron enviados como “carne de cañón” a las guerras africanas en Angola y Eritrea, a las guerrillas de la América Latina e Indochina?

Silvio, mi madre fue símbolo de Amor, su gran nostalgia nunca se convirtió en el odio más feroz como tú le pides a la tuya. No hay calificativo en la lengua de Cervantes que pueda designar a alguien que quiera sembrar el odio en el corazón de las madres.

Un gran abrazo desde París con gran cariño,

Félix José Hernández.

 

Carta desde Miami del Capitán Roger Redondo González.

Cartas a Ofelia / Crónicas cubanas

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Miami, 2014. De izquierda a derecha: el poeta Yndamiro Restano, Félix José Hernández, el Dr. Comandante Armando Fleites (+) y Roger Redondo González

 

Cubamatinal / París, 3 de mayo de 2020.

Querida Ofelia:

Nuestro viejo y querido amigo ex guerrillero del Segundo Frente del Escambray contra el régimen de Fulgencio Batista, el Capitán Roger Redondo, me envió la siguiente carta:

“Miami, 1° de mayo de 2020.

Estimado amigo:

¿Será comunista? ¿Será socialista? La respuesta es: ¡No!

Soy un estoico, total y completo de nacimiento. Así nací. La naturaleza es lo mío. Para mí el oro no tiene ningún valor. Con el tiempo supe que Sócrates era estoico. No lo estudié. Yo no tuve forma de estudiar.

La muerte no es mala, es natural. Es por ello que siento tanta simpatía por los que son médicos por vocación. Cuando llegue la muerte no me va a sorprender, la estaré esperando… ojalá con una sonrisa.

Es a la virtud y a la razón a las que siempre seré fiel.

Iré a vivir al monte, a dormir rodeado de árboles, mirando las estrellas.

¡Qué techo tan lindo! ¡Brillante! Escucharé el rugir del jaguar, y de los coyotes durante la noche. Mientras que por el día oiré el canto de los tucanes, de las bandas de loros y de las aves de mil colores.

Viviré estoicamente y nadie me va a doblegar, ni me pondrá de rodillas.

Mi cuna fue una hamaca de yute, lo que para mí es un honor y de ello me siento muy orgulloso.

Un gran abrazo,

Roger Redondo González.”

La infame lista de firmas encabezada por la de Alicia Alonso

Cartas a Ofelia /  Ciertamente para no olvidar la vocación genuflexa de artistas e intelectuales “revolucionarios”.

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Cubamatinal / París, 19 de octubre de 2019.

Querida Ofelia:

Te envío un documento que podríamos titular “Algo para recordar”:

“Ocho días después del juicio sumario y fusilamiento de los jóvenes Enrique Copello Castillo, Bárbaro Leodat Sevilla García y Jorge Luis Martínez Isaac, por intentar secuestrar una embarcación para escapar de Cuba, un grupo de intelectuales cubanos divulgó una carta pública respaldando tácitamente la drástica acción del gobierno de Fidel Castro.

“CARTA DE INTELECTUALES CUBANOS FRENTE A LOS ATAQUES A LA REVOLUCIÓN

Mensaje desde La Habana para amigos que están lejos

En los últimos días, hemos visto con sorpresa y dolor que al pie de manifiestos calumniosos contra Cuba se han mezclado consabidas firmas de la maquinaria de propaganda anticubana con los nombres entrañables de algunos amigos. Al propio tiempo, se han difundido declaraciones de otros, no menos entrañables para Cuba y los cubanos, que creemos nacidas de la distancia, la desinformación y los traumas de experiencias socialistas fallidas.

Lamentablemente, y aunque esa no era la intención de estos amigos, son textos que están siendo utilizados en la gran campaña que pretende aislarnos y preparar el terreno para una agresión militar de los Estados Unidos contra Cuba.

Nuestro pequeño país está hoy más amenazado que nunca antes por la superpotencia que pretende imponer una dictadura fascista a escala planetaria. Para defenderse, Cuba se ha visto obligada a tomar medidas enérgicas que naturalmente no deseaba. No se le debe juzgar por esas medidas arrancándolas de su contexto.

Resulta elocuente que la única manifestación en el mundo que apoyó el reciente genocidio haya tenido lugar en Miami, bajo la consigna Irak ahora, Cuba después, a lo que se suman amenazas explícitas de miembros de la cúpula fascista gobernante en los Estados Unidos.

Son momentos de nuevas pruebas para la Revolución cubana y para la humanidad toda, y no basta combatir las agresiones cuando son inminentes o están ya en marcha.

Hoy, 19 de abril de 2003, a cuarenta y dos años de la derrota en Playa Girón de la invasión mercenaria, no nos estamos dirigiendo a los que han hecho del tema de Cuba un negocio o una obsesión, sino a amigos que de buena fe puedan estar confundidos y que tantas veces nos han brindado su solidaridad.

Firmado por:

Alicia Alonso

Roberto Fernández Retamar

Miguel Barnet

Julio García Espinosa

Leo Brouwer

Fina García Marruz

Abelardo Estorino

Harold Gramatges

Roberto Fabelo

Alfredo Guevara

Pablo Armando Fernández

Eusebio Leal

Octavio Cortázar

José Loyola

Carlos Martí

Raquel Revuelta

Nancy Morejón

Silvio Rodríguez

Senel Paz

Humberto Solás

Amaury Pérez

Marta Valdés

Graziella Pogolotti

Chucho Valdés

César Portillo de la Luz

Cintio Vitier

Omara Portuondo.”

 

Un gran abrazo,

Félix José Hernández.

Invisibles triángulos de muerte. Con Cuba en la memoria

Cartas a Ofelia / Crónicas cubanas

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Cubamatinal / París, 22 de diciembre de 2018.

Querida Ofelia,

El autor nos muestra a todo lo largo de su libro, el amor y la nostalgia que siente por su terruño, su amado Güines, por medio de tantas anécdotas sobre la vida cotidiana durante su niñez y adolescencia e los años cincuenta e inicios de los  sesenta.  Plasma con gran savoir faire tantos recuerdos, que parece como si hubiésemos conocido al pueblo y a sus gentes.

Recomiendo su lectura a todos los que se interesan a la vida en nuestra Cuba, donde  todo no era blanco ni negro, sino que había muchos matices y como el régimen instalado por los Castro en 1959 destruyó todo lo que amábamos hasta entonces y, que hoy forma parte -desde el exilio-,de nuestro patrimonio nostálgico.   

« De repente, Luisito se despertó mojado. Sudaba a chorros,  un maloliente líquido le recorría todo su cuerpo, cuando escuchó su nombre y apellidos. ¡Le había llegado su turno! Apenas pudo despedirse de los otros compañeros que abarrotaban la celda del presidio político. Ni siquiera escuchaba las palabras de su amigo el cura que deseaba confortarlo. Ya pegado al paredón, sintió un escalofrío y simuló una mueca al pensar: “Esta es la Revolución por la que estuve dispuesto a dar tantas veces mi vida”.

 A lo lejos vislumbra el resplandor de unos fusiles nerviosos que se movían por la ansiedad de los ejecutores de aquella forma que ya había visto con anterioridad en el cuartel de su pueblo, dibujando invisibles triángulos de muerte.

Recordó al capitán y al sargento Hermenegildo: ¿qué sería de ellos, los habrán fusilado también, estarán presos, habrán logrado exiliarse? Ahora le tocaba a él, estaba solo frente a la Historia. El estruendo de los fogonazos interrumpió el silencio macabro de aquella madrugada. »

En Invisibles triángulos de muerte. Con Cuba en la memoria, Felipe Lázaro reúne catorce relatos que transcurren en su ciudad natal (Güines), donde rememora su infancia en los convulsos finales de la década de los 50 y en los dos vertiginosos primeros años de la Revolución cubana, a principios de los 60. Memoria y autoficción se aúnan en este libro, para conformar un retablo de cuentos que plasman una viva remembranza de una Cuba ida, pasada, que contrasta con las ruinas actuales –de toda la Isla– y que, en definitiva, confirma el innegable fracaso del régimen del 59. Recuerdos y creación que se unen en este puñado de narraciones y confeccionan el mosaico de una cuentística de la nostalgia y de la niñez.

« Mientras, la policía avanza lentamente hacia el encuentro con los jóvenes. Los gendarmes van serios, sudorosos, pero seguros; son la autoridad. Sus órdenes son estrictas: proteger la estación policial a toda costa y disolver la manifestación, dar unos cuantos golpes para escarmentar a la masa estudiantil y arrestar a unos cuantos, quizá a los más beligerantes para interrogarlos y obtener alguna supuesta valiosa información.

–¡Cojones, están armados con Thompson, nos van a acribillar! ¡Que no se mueva nadie! Juan, di algo. Si no podemos llegar al parque, aquí mismo les largamos el discurso.

Durante un larguísimo instante hay un eterno silencio, interrumpido por la voz del joven presidente de los estudiantes del Instituto, que desde el caballo pinto, grita:

–Compañeros, ahí están los esbirros de la tiranía, defensores del déspota que ensangrienta a la nación. Los estudiantes, una vez más, estamos en la vanguardia de esta lucha. Somos, en realidad, el futuro de la patria –y al ver que los policías no avanzan, sino que corren con pistola y palo en mano, termina con un sonoro: ¡Libertad o Muerte!–que todos repiten, hasta que de repente se siente un brusco tirón y empiezan a avanzar como si estuvieran bailando una contagiosa conga.

Los estudiantes lanzan piedras y botellas a la muralla policial y reparten octavillas entre los transeúntes o paseantes que contemplan la manifestación desde las aceras o las tiran al aire, quedando regadas por la calle y por los portales de las casas y en las entradas de algunos negocios, hasta que una ráfaga de ametralladora corta el aire y la respiración de todos: policías, estudiantes y público en general. »

 « Parte de mi familia sí se exilió y muchos parientes y casi todos mis amigos. ¡De Güines se fue hasta el gato! Esto me recuerda la respuesta que le dio la gran poeta cubana Dulce María Loynaz a una periodista que le preguntaba lo mismo, Dulce María le respondió: “Yo soy hija de un general mambí, que se vayan ‘ellos’”. “Ellos” son los gobernantes, que sobran cuando un pueblo emigra; como nos enseñó Martí. En 1959, al triunfo de la Revolución, Güines tenía 40.000 habitantes, más o menos, de los cuales mucho más de la mitad, yo diría que la gran mayoría, ha optado por el destierro desde entonces. O sea, que se fueron miles de güineros, familias enteras. Por esa espantada del pueblo, desde los años 60, Güines se ha repoblado con campesinos de los alrededores y, sobre todo, con cubanos de otras provincias, como los orientales. Fíjate, yo voy caminando por las calles de Güines y voy recordando: Ahí vivía fulano, allí mengano. en esa esquina residía la familia tal, esa casa era de… Todavía se pueden leer las tarjas de médicos, abogados, dentistas y otros profesionales que se fueron y sus casas o despachos están ocupados por otros. Y lo más dramático es que muchos de estos exiliados jamás volvieron a ver a sus abuelos, a sus padres, a sus tíos, a sus hermanos, a sus primos. »

Felipe Lázaro (Güines, 1948). Poeta y editor cubano. Salió de  Cuba en agosto de 1960. Entre 1961 y 1967 residió en Puerto Rico y, desde entonces, en España. Es Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y graduado en la Escuela Diplomática de España. Fue uno de los fundadores de las revistas madrileñas Testimonio (1968), La Burbuja(1984) y  Encuentro de la cultura cubana(1996); además del periódico  La Prensa del Caribe (1997). Perteneció al Consejo Editorial de la  Revista Hispano Cubana y del  Boletín del Comité Cubano Pro Derechos Humanos, publicados en editorial la capital española. En 1987 obtuvo la Beca Cintas y fundó la  Editorial Betania.

Autor de seis poemarios, de varios libros sobre Gastón Baquero y de diversas antologías sobre la poesía cubana del exilio. Sus últimos títulos publicados son: Indómitas al sol. Cinco poetas cubanas de Nueva York. Antología crítica (2011), Conversaciones  con Gastón Baquero (2014) y Tiempo de exilio. Antología poética, 1974-2016 (2016).

Invisibles triángulos de muerte. Con Cuba en la memoria. 21 x 13 cm- 162 páginas. © Felipe Lázaro Álvarez Alfonso, 2017. Editorial Betania. Colección Narrativa.     ISBN: 978-84-8017-370-4

Te lo haré llegar por la vía que suelo hacerlo, para que después de leerlo, lo hagas circular entre nuestros familiares y amigos.

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández.

 

La explotación infantil en el despalillo de tabaco en Camajuaní, Cuba

Cartas a Ofelia / Crónicas cubanas

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Familia Valdés Ríos en Camajuaní, Cuba, 1919

 

Cubamatinal / París, 12 de noviembre de 2018.

Querida Ofelia:

En esta foto  tomada en Camajuaní en 1919, aparecen mis  abuelos campesinos maternos Aurelia (en estado de mi tío Renato) y Claudio. Este último había matado un cerdo y se disponía a vender su carne entre los vecinos y amigos. De izquierda a derecha mis tíos: Claudito, Lutgarda (Luga), Eusebia (Biba) y Celia.

Mis abuelos maternos tuvieron 12 hijos, 6 niñas y seis niños.  Las niñas solo fueron a la escuela primaria hasta el segundo grado para aprender a leer y escribir, pues como casi todas las niñas pobres del pueblo, tenían que ir a trabajar como despalilladoras de tabaco en la manufactura de una empresa estadounidense. Esta compañía explotó y se enriqueció con el trabajo infantil durante décadas, gracias a la complicidad de las corrompidas autoridades locales. Preferían darle trabajo a las niñas debido a que éstas tenían los dedos más finos que sus madres y lógicamente… las pagaban mucho menos.

Al regresar a casa del trabajo, las seis niñas aprendían con su mamá y la abuela materna doña Bruna  a : bordar, tejer, cocer, coser, a ocuparse de los hermanitos menores y a hacer flores de papel crepé, para que fueran en el futuro buenas amas de casa. Mientras que los niños aprendían con su padre el oficio de carniceros.

Al triunfo de la revolución la transnacional estadounidense fue nacionalizada y sus propietarios expoliados, pero ninguna de las víctimas de la explotación fue indemnizada.

Mi madre trabajó como despalilladora desde los 6 años (1924) de edad hasta los 41 años (1959), cuando se vio obligada a partir hacia San Cristóbal de La Habana con mi padre, mi hermano y yo, debido a la intransigencia revolucionaria del nuevo régimen que se instalaba.

Cuando estuve recorriendo La India y Ceilán en febrero pasado y vi a tantas niñas trabajando, en lugar de jugar e ir a la escuela, recordé la triste niñez de tantas  campesinitas cubanas, entre ellas la de mi madre y mis tías.

Puedo asegurar que en nuestra querida Patria, no todo era negro o blanco, como pretenden muchos, sino que había muchos matices.

Qué  descansen en paz por la eternidad muy cerca de Dios.

Un gran abrazo desde estas tierras lejanas allende los mares,

Félix José Hernández.

Auto de fe de los nuevos inquisidores

Cartas a Ofelia/ Crónicas cubanas

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Quema de libros llevada a cabo por los nazis, el 10 de mayo de 1933 en La Plaza de la Ópera de Berlín.

Cubamatinal/ París, 2 de julio de 2018.

 Querida Ofelia:

“Allí donde se queman los libros se acaba por quemar a los hombres”. Heinrich Heine

 ¿Quién lo hubiera podido imaginar en pleno siglo XXI? La Historia se repite. La cacería de brujas y las obras de los herejes son destruidas.

 

En el año 1184 la Iglesia católica decidió que había que condenar a los herejes a la hoguera, así el cuerpo no podría resucitar para estar presente en el Juicio Final.

La Santa Inquisición quemó a muchos. Según el historiador Hernando del Pulgar, solo en la actual España fueron quemadas unas dos mil personas en 1490, bajo el reinado de Fernando de Aragón e Isabel de Castilla… ¡Los Reyes Católicos!

En el siglo XX las bombas incendiarias lanzadas desde unos  600 aviones aliados sobre Hamburgo y Dresde, ciudades donde ya solo quedaban mujeres, niños y ancianos, provocaron un gigantesco Auto de fe, donde murieron quemadas unas 300 000 personas.

Y ahora en pleno siglo XXI los nuevos inquisidores del ghetto, los monopolizadores de “la verdad”, destruyen las obras de artistas que cometen el “pecado” de no  compartir sus opiniones o hacer disfrutar de su arte a las personas que viven en Cuba.

A continuación te reproduzco un mensaje que publicó al respecto en su página de Facebook, mi hermano desde Italia:

“La intolerancia y la llamada intransigencia las lleva el cubano en el DNA a fuerza de tanto oírlo día a día por todos los medios imaginables en Cuba. ¿Por qué motivo no puede el cubano que vive en la isla escuchar y ver a Laura Pausini? ¿Por qué esos que están afuera abanderando la intolerancia hacia la Pausini no tuvieron lo que habría que tener para protestar públicamente en Cuba cuando venía un cantante del este de Europa a Cuba y nos lo daban por todos los medios habidos y por haber como la medicina para el catarro? No por favor, es muy fácil hablar desde afuera.

Me fui de Cuba y no ‘tuve lo que hay que tener’ para sublevarme, como la inmensa mayoría de los casi tres millones de cubanos que vivimos afuera. Me prohibieron la música extranjera y me quedé callado como todos los cubanos que hoy gritan e insultan a la Pausini en el extranjero.

La directora del preuniversitario del Vedado nos cortaba las patillas a los varones y descosía los dobladillos a las hembras y nos quedábamos callados. Oíamos la WQAM de Miami y la KAAY de Little Rock con su famoso Beaker Street der Clyde Clifford a medianoche por la onda media repleta de interferencias, con miedo a que se supiera que oíamos esas emisoras. Nos quitaron la música en inglés y me quedé callado, me prohibieron a Julio Iglesias, a José Feliciano, a Luis Aguilé, a Roberto Carlos, y nunca supe por qué me los quitaron, y me quedé callado, como la inmensa mayoría de los cubanos.

Me alegré cuando Billy Joel, Rita Coolidge, Roberta Flack, el grandísimo Gipsie Gillespie, cuando vinieron una noche a cantar a Cuba en el teatro Mella, antiguo Rodi, en la calle Línea, y pude entrar porque trabajaba entonces en el Ministerio de Cultura, y me alegré, canté y bailé. Me alegré cuando vino Sergio Endrigo al Festival de Varadero 67, cuando vinieron Los Mustang, cuando vino Massiel entonces, cuando vino Serrat, en fin, me alegré cuando supe que vendrían los Rolling Stones, quienes me habían sido prohibidos cuando era joven, tenía pelo negro y ganas de bailar.

Si nunca protesté públicamente en Cuba y simplemente traté de sobrevivir hasta que me subí al avión para siempre con mis hijos y mi esposa, lo menos que puedo hacer es respetar a todo el que se inmoló literalmente y lo hizo. Opté como la inmensa mayoría por callarme e irme, para que quien ama aquello estuviera a sus anchas y feliz a su manera, pues yo necesitaba pensar, opinar, expresarme y respirar otros aires, era lo que me faltaba en nuestro país.

No me fui de Cuba por tener pitusas o vaqueros, pues nada de eso me faltaba. ¿Por qué motivo tendría que llenarme ahora la boca para gritar, para aplaudir la destrucción de discos, para insultar a una cantante italiana que es una persona decente, valiosa estrella del pop en el mundo? ¿Por qué razón tendría que aplaudir la prohibición de cosas y más cosas a los cubanos que viven en Cuba? Me alegra mucho, muchísimo que los cubanos que viven en Cuba hayan podido ver a Laura Pausini, quien desde muy joven siempre había soñado con cantar en nuestro país, que es nuestro, que se sepa, para los que están dentro y para los que están fuera de él. Dudo que muchos de los que gritan de ese modo hoy en día desde el extranjero tendrían “lo que hay que tener” para coger un avión de los tantísimos que viajan día a día a Cuba desde los Estados Unidos para manifestar de ese modo en las calles de La Habana.

Me da vergüenza, sabiendo que Laura es una persona decente, que se haya levantado esta nube de polvo en torno a su presencia en Cuba. Estoy muy feliz al ver que ha abrazado nuestra querida bandera, que es de todos los cubanos. Es un espectáculo amargo y repugnante el que vimos ya con los discos aplastados en plena calle en Miami, lo cual demuestra ante el mundo civilizado solamente una ignorancia abismal, y punto, es horrible que ese espectáculo haya llegado hacia todas las televisiones del mundo, qué pensarán de los cubanos.

Gracias a Dios, lo único que comparto con esas personas es el lugar de nacimiento, pues no se puede decir ni el idioma, pues muchos de ellos ya el español que hablan da hasta pena, amén de la horrenda ortografía, digna de la más profunda ignorancia e incultura. Es una caricatura de la Noche de Cristal del nazismo alemán contra los hebreos, es una macabra repetición de las quemas de libros por los fascistas, no hay palabras para describir una vergüenza de tal envergadura, gravísima vejación a la cultura.

Me horroriza pensar que el pensamiento del Maestro, José Martí sea pisoteado de modo infame. Recuerden, si les queda algo de cerebro, que el Maestro murió en Dos Ríos soñando con una Cuba CON TODOS Y PARA EL BIEN DE TODOS. Realmente me entristece la idea de que tal intolerancia y barbarie sea el futuro que la vida prepare para Cuba. Ninguna persona decente podría sentir placer al ver semejante derrumbe, que Dios nos ampare.” Juan Alberto Hernández

Como alquilar una pequeña aplanadora no debe de ser muy económico, me pregunto si llegará el momento en que se utilizarán unas botellas de alcohol y fósforos, para realizar un espectacular Auto de fe en plena calle Ocho, con la quema de libros de escritores que no les sean de su agrado a los nuevos inquisidores. Las imágenes que serán vistas en los noticieros de las televisiones europeas, seguirán confirmando la ya  detestable y falsa fama de los cubanos exiliados, creada por esta minoría intolerante.

Pero al igual que pasó con el desfile de Chanel en el Paseo del Prado de La Habana. Quizás me quede esperando, pues si las damas cubanas no llevaron a la calle Ocho sus trajes, joyas, pieles, perfumes, carteras, etc.,  de la lujosa marca gala, para ser destruidos por la aplanadora, creo que los amantes de la gran literatura, tampoco llevarán sus libros a la hoguera.

A los nuevos inquisidores, para la gran hoguera,  solo les quedaría la posibilidad de comprar en ediciones de bolsillos obras de:

Antonio Machado, Rafael Alberti, Miguel Hernández, Garcؙía Lorca, Jean-Paul Sartre, Françoise Sagan,  Marguerite Duras, Simone de Beauvoir, Emile Zola, Louis Aragon, Jules Michelet, Charles Péguy, André Malraux,  Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Juan Rulfo, Octavio Paz, Miguel Angel Asturias, Leonardo Padura, Gabriela Mistral, Nicolás Guillén, Alejo Carpentier, Pablo Neruda, Sibilla Aleramo, Giuseppe Bartoli, Giorgio Bassani, Piero Calamandrei, Giovanni Capuzzo, Giuseppe Colzani, Franco Fortini, Alfonso Gatto, Natalia Ginzburg, Egidio Meneghetti, Velso Mucci, Pier Paolo Pasolini, Micu Pelli, Giorgio Piovano, Salvatore Quasimodo, Raffaello Ramat, Gianni Rodari, Umberto Saba, Edoardo Sanguineti,RoccoScotellaro, Girolamo Sotgiu, Pietro Tajetti, Giuseppe Verduci, Renata Viganò, Paolo Volponi Alberto Moravia, Elsa Morante y un largo etc.

Ahora bien, no estoy seguro de que estos señores encuentren libros de estos autores en el ghetto, donde dudo de que haya librerías. Tendrían que viajar a los EE.UU., a ciudades cultas como: Boston, New York, San Francisco, Washington, Filadelfia, etc. Lo cual encarecería el costo del Auto de fe.

Claro, me he limitado solo a algunos escritores, a los cuales se podrían añadir: periodistas, pintores, escultores, arquitectos, bailarines de ballet, cantantes  de ópera, músicos, directores y actores de cine, etc.

Si estos señores leyesen alguno de los libros de estos grandes autores, quizás lo podrían salvar de la hoguera o la aplanadora.

¿Tendremos aplanadoras y/o Autos de fe para rato?  ¿Acaso el resto de los cubanos exiliados no se percatan de que estos señores siguen dañando la imagen de todos nosotros en el mundo y que por lo tanto le hacen el juego al régimen cubano?

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández


© Felix Jose Hernandez

 
Ⓒ Cubamatinal 2006-2018


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Testimonio de Roger Redondo. El personal de la oficina de Fidel Castro Ruz

Cartas a Ofelia / Crónicas cubanas

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Roger Redondo al centro, escribiendo un informe al lado de Jesús Carrera. El Escambray, Cuba, 1958.

Cubamatinal/ París, 29 de junio de 2018.

Querida Ofelia:

Te envío este nuevo testimonio de nuestro viejo y querido amigo Roger Redondo, combatiente del Segundo frente del Escambray contra el régimen de Fulgencio Batista.

“Miami, 28 de junio de 2018.

El personal de la oficina de Fidel Castro, ubicado en el edificio del I.N.R.A. no era numeroso.
Lo componían Juan Horta, como secretario de Fidel Castro. Ambos eran amigos desde los sucesos de Cayo Confite, cuando Fidel tenía algo más de 20 años de edad.

María Díaz, hispano-soviética, era hija de un dirigente del partido comunista español de nombre José Díaz, el cual se suicidó en Moscú lanzándose desde el quinto piso del hospital donde convalecía a causa de un cáncer.

María era traductora de ruso y español. Tenía un acento entre cubano y canario. Tal parece que vivía en Cuba desde antes de la caída de Batista. Ella salió del radar público, de la misma manera que llegó. En silencio. Nunca supe nada más de ella.

Mi fuente es uno de los hijos del general del ejército de la República española Vicente Rojo.
Él estuvo en La Habana antes de continuar hacia Venezuela.

Por último el capitán Alfredo Guerra, del que nadie tenía idea porqué era capitán. ¿Cuál era su procedencia? No había sido combatiente de ninguno de los frentes guerrilleros, tampoco lo conocían los revolucionarios en la lucha urbana. Por el acento podía ser cubano o canario.

¿Quién sabe su verdadero nombre? Yo apostaría a que era cubano. Solo era capitán, pero podía hacer cosas que no hacían los comandantes más conocidos de la Sierra Maestra. Poseía un documento firmado por el jefe de la Revolución Fidel Castro Ruz, el que le daba la autoridad. Podía inspeccionar documentación y recibir todo tipo de cooperación en cualquier ministerio u otro centro de poder en todo el territorio nacional.

Yo acompañé a Eloy Gutiérrez Menoyo a varias citas con Fidel en la oficina éste último. Tenía que esperar en la antesala, mientras durara la conversación donde Fidel despachaba. La primera vez que estuve allí, el capitán Alfredo Guerra, sin que nadie nos presentara, se sentó a mi lado sonriendo me estrechó la mano y me dijo – Roger tengo más de cien buenas referencias tuyas, tenía ganas de conocerte en persona.
Era un hombre trigueño, de pelo negro, usaba bigote, de ojos pardos, cincuentón. Muy educado y sobre todo se podía notar que era muy inteligente. Iba al grano sin rodeos.

– ¿Qué te paso en la juventud?- Enseguida me di cuenta de por dónde venía la pregunta. Pero me puse en guardia, usando lo que los guajiros espirituanos llamamos “sacar el arique”. Una tira de yagua de las palmas reales, que se usa para atar, de faja y muchos otros usos. Pero también significa jugar al tonto al bruto. Es un arma eficiente. Un mecanismo eficaz de defensa, cuando estás frente a alguien que no te conoce bien.

El hombre me conocía de referencia. -¿Los problemas de mi Juventud? Los mismos que los de todos los demás pobres del país.

No lo convencí y exclamó: -No, me refiero a lo que te pasó en la junventud socialista.

No le di información verdadera, solo lo que me convenía sobre mi indisciplina.- ¡Oh! Ya éso pasó.

Y me comentó: – Es una lástima que el Che no conociera a Cuba ni a los cubanos y haya manejado muy mal la política en Las Villas.

Estábamos en un rincón del salón, pero allí había otras personas esperando y podían oír algunas palabras sueltas. Yo ya no contestaba, solo lo oía, sin saber si era su opinión o él me estaba provocando para saber la mía.

Eloy salió de la oficina acompañado por Juan Orta. Cuando ya llegamos afuera, le comenté a la rara conversación Él que me contó que López Fresqués, ministro de Economía, le había informado sobre el documento que Fidel había otorgado al capitán Alfredo Guerra, un hombre raro. Y más raro era que Fidel, siendo tan absorbente, le diera esa potestad.

Un tiempo después, por segunda vez me encontré con él. Tuve que llevar a unos republicanos españoles al Frontón Jai -Alai, lugar en el que nunca había estado, pues no entiendo ese juego vasco. Estaba allí el capitán Alfredo Guerra, se puso de pie y nos llamó para que nos sentáramos a su lado. Uno de los españoles era de la España africana, no recuerdo de cuál ciudad, los otros dos eran peninsulares, que yo no los conocía, pues habían llegado solo unos días antes a La Habana.

Conocieron a Eloy por medio de Ignacio González. Ninguno conocía Cuba, ni tampoco yo conocía su ideología, pues entre los republicanos españoles había muchas divisiones políticas, solo lo unían la oposición a Franco.

Me di cuenta de que ya él iba a empezar hablar de política, lo paré, señalándole con la mano a Alfredo Guerra y me dirigí a los españoles. Ustedes siéntense allá en aquellas butacas, que tengo que hablar con este oficial. Yo me quise asegurar de que no hubiera más testigos, y empezó con la misma cantaleta, sobre el Che, pero ya solo estábamos él y yo. Sus quejas eran para que yo hablara con Eloy para que éste influyera con Fidel sobre los planes del Che, el que quería crear en Cuba fábricas de equipos pesados.

Según Guerra en Cuba nunca se podían realizar, siempre serían más barato comprarlos. Que esos esfuerzos era mejor dedicarlos a diversificar más el azúcar y todos los derivados de la caña: alcohol y carburantes; la industria ligera. Le oí su larga lista de cosas que era posible hacer, según su opinión.

Le respondí: -Primero yo te puedo dar la repuesta sin hablar con Menoyo, él no le va a decir nada a Fidel, por dos razones, no tiene ninguna influencia con Fidel, y segundo, no conoce un comino de economía. Si el Che conoce poco él conoce menos. ¿Por qué tú que estás cerca de Fidel no se lo explicas, ya que dominas el tema?

-Se lo he dicho todos los días, pero no hace nada. A no ser que Fidel quiera que el Che se escache (fracase).

Tal como María Díaz, la hispano-soviética. El capitán Alfredo Guerra, desapareció de la misma forma que llegó, en silencio.

En cuanto a Juan Horta, se publicó que la C.I.A. lo había reclutado desde cuando se hacían los preparativos de la expedición del Granma. Se puede deducir que Alfredo Guerra le llegó a Fidel Castro por medio de Juan Horta. Pues no es difícil imaginar la fuente que se le envió a Fidel Castro. Tampoco es imposible que Fidel supiera de antemano todo lo referente a su secretario. Juan Horta montó su oficina, como un centro de desinformación a los yankees. De la misma manera que organizó un gobierno clandestino. Y dos servicios de inteligencia: el D.I.E.R., con personal vinculado a la Embajada Americana; el otro con personal compuestos por hombres de la inteligencia soviética.” Roger Redondo.

Con gran cariño y simpatía desde La Ciudad Luz.

Félix José Hernández

 

La Habana y las palmas son como novias que esperan

Cartas a Ofelia/ Crónicas cubanas

El Vedado. Foto tomada desde el Hotel Habana Libre.

Cubamatinal/ París, 18 de mayo de 2017.

Querida Ofelia:

Te envío este artículo – que me provoca nostalgia-, publicado en Miami ayer en www.cubaenelmundo.com por su director Don Roberto A. Solera.

“Miami, 17 de mayo de 2017.

La Habana tiene , a la vez, el atractivo de algo hasta hace poco restringido a sus legítimos dueños, los cubanos exiliados, muchos de los cuales añoran volver a verla, aunque sólo sea como extranjeros adinerados que reviven sus años mozos donde habitan sus recuerdos empañados por la pátina del tiempo, que nunca vuelve atrás.

A la vez, es nuestra hermosa novia de antaño, que hoy el paso del tiempo nos muestra en su verdadera imagen, suavizada gentilmente por nuestra buena voluntad y deseos de que hoy la apreciemos como ayer la vimos, la amamos y como “un viejo amor que ni se olvida ni se deja pero nunca dice adiós” nos haga sentir acongojados por el maltrato sufrido de aquéllos que nunca la apreciaron y sí le declararon la guerra a muerte por –envidia, mal trazado plan secreto que siempre buscó su destrucción o como muestra de su odio inveterado por destruir lo que nunca pudieron aquilatar y disfrutar.

Los comunistas –¿queda alguno?—se han creído que el “campo” siempre ha sido un lugar más sano, puro y digno y que debemos imitar y convertir lo citadino, según ellos, en una réplica del concepto del impoluto “campo” en el cual todo lo bueno tiene su asiento. A la menor oportunidad envían a Guanahacabibes al primer transgresor de su moral “nueva” –Juan Iduate, funcionario del INRA inauguró el primero de los malditos campos de reeducación en los albores de 1959, donde siguiendo la costumbre de la época su condena fue publicada en la Gaceta Oficial.

Luego ya avanzado el proceso degenerativo del gobierno en oleadas masivas enviaba a los estudiantes –sus nuevos esclavos– al campo, con una u otra excusa, a transformarlos en los “nuevos” hombres.
Pero bueno la memoria sufre de amnesia al volver a ver a nuestra antigua “novia”. Sólo recordamos bosquejos de lo que fue –y hoy no es—La Habana. Cruzamos frente a nuestro “añorado” cine Gris por la calle E, antes conocida como Baños, sin recordar o traer a colación el porqué de su doble nombre “Baños” = Calle E, ni recordar los Baños de Carneado en el litoral del futuro Malecón, ni los del Progreso en el mismo litoral, esta vez en la propia calle Baños, donde unas adecuadas guagüitas hacían su espera en el parque triangular en la calle Línea para trasladar a los bañistas hacia las posetas cinceladas en las rocas.

Visitamos en nuestros recuerdos ocultos por el tiempo al Cine Gris sin recordar que en esos predios existió la Piquera Gris de autos de alquiler que se comunicaban con su central radial para ofrecer rápido y eficiente servicio a sus clientes. Y la memoria nos traiciona cuando atribuimos la ausencia casi total de cinematógrafos a tener en buen servicio los aires acondicionados. Olvidamos que a fines de la década del 40 y también del 50 sólo tenían ese confort el Cine Encanto en la calle Neptuno y Consulado, el Riviera en la calle 23 del Vedado, el América en Galiano. Los demás –más de 200- sólo podían disfrutar del fresco que le enviaban los ventiladores, unos de gran tamaño y otros más pequeños.

Seguimos en nuestro viaje al pasado por la Antigua Manzana de Gómez, rebautizada como Hotel Manzana Kempinski lo que nos hace recordar lo ocurrido con las calles de La Habana rebautizadas como Calzada de la Reina, o simplemente Reina, hoy oficialmente Avenida Simón Bolívar; Calzada de Belascoaín, inaugurada en 1878, comenzó como Calle del Cocal y también se conoció como Calle de la Beneficencia por el lugar donde se recogía a los niños sin parientes, hoy se nombra oficialmente Padre Varela. Por eso le deseamos suerte al Hotel Manzana Kempinski…

No dejamos de asombrarnos que algún antiguo exiliado—como alguien que salió de Cuba en 1960– se atreva a afirmar que “aunque hay de todo prácticamente en Cuba, como pude ver en la esquina de 19 y B, un mercado agropecuario excelente,…”

Sí, pero se le olvida mencionar que La Habana no es toda Cuba y hay que pagar con: ¿cuál de las monedas, pesos Cubanos o CUC?

“Los taxistas son los más instruidos de cualquier nación, ingenieros, contadores públicos, profesores, médicos”,… (no olvidarnos de lo dicho por Fidel Castro sobre las prostitutas, rameras o simplemente PUTAS conocidas hoy como jineteras) “personas cultas que tienen que aprender a ejercer un servicio que no les agrada…”.

Y le decimos hasta luego a nuestra querida y vieja novia, La Habana, que calladamente espera le llegue su turno de volver a ser una elegante señora de todos los cubanos, los exiliados y los que no lo han sido nunca.” Robert A. Solera
Con gran cariño y simpatía desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández.