Editado en Francia el Tomo XVIII de “Desde las Orillas del Sena”.

Cultura/ N° 38 de la Serie Cartas a Ofelia

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Le Kiosque des noctambules de Jean-Michel Othoniel.

Cubamatinal / París, 11 de enero de 2018.

Querida Ofelia:

Acaba de ser editado en Francia  mi libro de crónicas N° 38 de la Serie “Cartas a Ofelia” con el título de “Desde las orillas del Sena” (Tomo XVIII). Contiene 87 crónicas escritas en español, francés e italiano en 518 páginas.

Puedes encontrar todas esas crónicas y los 38 libros en mi sitio web www.cartasaofelia.com cuyo webmaster es el ingeniero don Leonel Mena Valdés.

Gracias al historiador cubano don Ferrán Núñez, director de El Diario de la Marina, se pueden leer todas las crónicas en su sitio web https://eldiariodelamarina.com/ y también descargar gratuitamente en Google Drive los treinta y ocho  libros que reúnen todas las crónicas que he escrito desde mayo de 1981 hasta enero de 2018 en español, francés e italiano en  la siguiente  dirección:

https://drive.google.com/drive/folders/0B2JGTV0Z-vJ5fkwyck1hbENQT2pDWC1ZLUFqZTBqVjZNQUR4aGJWblllT09kYmpWeUhlSGc

Todos los libros se pueden encontrar también en el sitio web de Bibliocuba, gracias a su director don  Miguel Ángel García Puñales, historiador  y sociólogo cubano, presidente de la ONGD Ceninfec (Centro de Información y Documentación de Estudios Cubanos):

https://bibliocuba.net/ediciones-bibliocuba/cronicas-coleccionables-libros-cartas-a-ofelia/

Desde Miami las han publicado don Roberto A. Solera director de Cuba en el Mundo, en www.cubaenelmundo.com y don Agustín Rangugni, director de Radio Miami Internacional, en: www.radiomiami.us

 Te envío el prólogo que escribió  mi querida Amiga Ángeles :

 “Estaba de noche en mi casa, tranquila, mirando la televisión, cuando me llegaron noticias de mi gran y querido amigo Félix. No vacilé en leerlas y al hacerlo, me quedé completamente petrificada. Atiné a cerrar mis ojos, respirar profundo y volver a leerlas. Efectivamente, leí lo mismo y entonces me llené de una gran emoción que me provocó unas lágrimas.

Mi amigo me preguntaba si yo accedería a escribir el prólogo de su nuevo libro “Desde las orillas del Sena” el cual es un compendio de numerosas de las interesantes crónicas de su autoría que se conocen como “Cartas a Ofelia”.

Con ese  pedido hecho de forma tan humilde como así lo es él, me dio una prueba tan grande de lo profundo que es el cariño que conlleva nuestra larga y linda amistad, que obviamente fue imposible negarme, aunque confieso que sentí temor de no saber hacerlo a la medida que él se lo merece. No obstante, aquí estoy tratando de escribirlo lo mejor posible.

Quizás al leer estas letras usted pueda no entender del todo  el por qué de mi gran  emoción ante su pedido. La respuesta es sencilla y convincente: sé muy bien lo que “Cartas a Ofelia” representa para Félix pues comenzó a escribirlas para su madre, en el inicio para él, de una nueva y difícil etapa de su vida, en la que junto a su esposa e hijo que lo acompañaban, tuvo que separarse físicamente de prácticamente todo lo que amaba.

Esa nueva etapa  era nada más y nada menos  que el exilio, palabra muy dolorosa y paradójicamente salvadora para los cubanos.

Félix adoraba a su mamá: Ofelia. Siempre fue un magnífico hijo y el dolor de la separación fue tan intenso, que puedo asegurar que escribirle a su madre contándole todo lo que veía, sentía, conocía, compartía, recordaba, lo hacía sentirse como si estuviera a su lado, conversando con ella, compartiendo sus vidas, todo lo cual ya no podía hacer más porque así se lo habían impuesto.

El poder compartir físicamente sus vidas quedaba reducido a esas cartas. La dura y triste realidad era que entre ellos existían miles de kilómetros, mares, espacios, aunque también la oculta esperanza de un rencuentro.

¿Y qué decir de lo que para Ofelia como madre tiene que haber significado el exilio de su querido hijo?

Primeramente quizás un gran alivio ya que se liberaba del temor  que sentía ante la situación que enfrentaba Félix en Cuba, víctima de la inseguridad, recibiendo agresiones morales sólo por el hecho de desear irse del país en busca de la libertad que tanto ansiaba. Pero Ofelia también  tuvo que afrontar algo muy difícil para una madre como es el tener que separarse de su hijo sin saber cómo ni cuándo lo volvería a ver o peor aún, no saber si realmente podría algún día nuevamente verlo, terrible situación  por la que madre alguna debería tener que pasar.

Sé muy bien lo que debe haber padecido Ofelia pues  yo también, como miles de madres cubanas, he pasado por esa situación con mis hijos, lo que te desgarra profundamente. Sé también lo que es esperar una noticia, una llamada, una voz, un encuentro.

Esas cartas  que Félix le escribía a su madre, eran para Ofelia parte de su hijo y a través de ellas podía sentirlo y entender cómo siempre él la tenía presente, cómo le compartía todos sus momentos. Es muy hermoso lo que Félix logró con ellas.

Después de la muerte de Ofelia, que pienso aún hoy él no ha aceptado totalmente, continuó  escribiendo sus cartas como si ella pudiera seguir leyéndolas y conociendo todo lo que  él quería mostrarle. Ni la muerte ni el gobierno cubano, pudieron separar sus almas.

Conocí a Félix en el año 1961, hace más de medio siglo, cuando éramos unos chiquillos pre adolescentes que estudiábamos en Cuba la Secundaria Básica en nuestra queridísima y nunca olvidada escuela “Felipe Poey”, Anexa a la Universidad de La Habana.

Comenzamos a estudiar allí después que el gobierno revolucionario cubano interviniera las escuelas privadas.

Preciosa e inigualable nuestra Anexa por todo lo que vivimos en ella. Félix narra con  gran cariño en  muchas de sus crónicas lindos recuerdos sobre esa etapa de su juventud.

En esa escuela Félix y yo formamos parte de un inigualable círculo de amigos inseparables tanto dentro como fuera del colegio, pues  íbamos juntos a fiestas, cines, teatros en fin, a todas partes y nos divertíamos en grande. También tuvimos magníficos profesores que no han sido olvidados. Son bellos recuerdos que provocan también una gran nostalgia.

Fue precisamente en esa época que conocí a los padres y al hermano de Félix y supe de lo unidos que eran como familia.

Terminada la Secundaria Básica, comenzamos el Pre universitario en el histórico Instituto de La Habana José Martí, del que tenemos también recuerdos maravillosos y en el que continuó inseparable nuestro grupo de amigos de la Secundaria.

Cuando terminamos el Pre, la vida se hizo más compleja y hubo que tomar diferentes caminos que ya no nos permitían estar tan cercanos como antes. A Félix lo llamaron para el Servicio Militar Obligatorio y llegó una época bastante compleja en su vida que también ha contado en sus crónicas y autobiografía.

Después, cuando él logró irse de Cuba, perdimos totalmente la comunicación durante muchos años, pues yo también vivo fuera de la Isla, y justo este año,  por los azares del destino y gracias a un amigo común muy querido, pudimos volver a establecer comunicación.

Eso fue una inmensa alegría, no lo podía creer. Resulta que me encontré a un Félix que  seguía siendo igual que medio siglo atrás: sencillo, cariñoso, hasta con la misma voz, amigo. Hablamos, hablamos, hablamos, recordamos, recordamos, recordamos y nos actualizamos sobre nuestras vidas. ¡Y sorpresa! Resulta que mi antiguo y muy travieso amigo se había convertido en una personalidad internacional muy reconocida y galardonada por su importante actividad intelectual, lo cual me ha hecho sentir muy orgullosa de él.

Pude entonces conocer de la existencia y empezar a leer sus crónicas y me quedé maravillada, porque son encantadoras. Ofelia nunca hubiera podido imaginar que el amor que su hijo sentía y siente por ella, se convertiría en una obra tan bonita, interesante, ilustrativa y con un profundo sentido histórico-cultural para la humanidad.

Al leerlas se recorre todo el mundo. Logran provocar esa sensación de  conocer e imaginar tantos lugares, culturas en el amplio sentido de la palabra, diversidad humana, hechos y todo un conjunto de cosas que nos permite descubrir o redescubrir la grandeza y las imperfecciones del planeta en que vivimos, y también de los que lo habitamos.

Todo este caudal de información que nos brinda Félix, lo  ha logrado escribir de una forma tan amena, clara y descriptiva que hace desear leer cada vez más.

Las crónicas sobre  Cuba y cubanos, son imperdibles, sobre todo para los que conocemos a nuestro país y a nuestra gente. Las hay cómicas, tragicómicas, trágicas, pero en todas puedes sentir lo que se quiere, se añora, se es, y también lo que se rechaza y se espera.

Los testimonios que ha podido obtener  y mostrar se convierten en valiosos documentos de estudio sobre personas y hechos que estaban vedados conocer en nuestro país. El amor por la libertad es un elemento que está siempre presente en sus escritos y vida.

Más allá  de los galardones recibidos, Félix también ha sido premiado por la vida con la posibilidad de construir junto a su esposa, hijo, nuera y nietos, una hermosa familia de buenas personas con grandes  valores éticos, lo que sin dudas es para él su mayor éxito y orgullo en la vida, al igual que lo hubiera sido para Ofelia.

Como profesor que fue durante años, conserva el cariño y admiración de los que fueron sus alumnos, a los que pudo trasmitirles tanto sus valiosos conocimientos como las experiencias adquiridas en el transcurso de su compleja vida.

“Cartas a Ofelia”, muchas de ellas en “Desde las orillas del Sena”, yo diría que es el recuento de la vida  de Félix y su familia en el exilio y de los recuerdos de la otra etapa de su vida en Cuba donde nació y vivió hasta el momento de marcharse a un desconocido y expectante futuro en Francia.

En ellas vemos reflejados  los dolores, las angustias, los temores, las alegrías, los éxitos, los fracasos,  las ausencias, el amor, la impotencia, las esperanzas y desesperanzas, el estoicismo, la espera, los sueños y miles de cosas más.

Sería interminable poder nombrar  a todos los sentimientos y hechos que conforman una vida pero Félix los escribió y nos los  entregó. Es muy bello el mensaje de amor que tiene este libro.

Ya terminando este prólogo, aún no sé si tiene la tónica esperada ni si he logrado trasmitir todo lo que quería, pero eso sí, definitivamente, lo he escrito con el corazón pues respeto mucho el profundo sentimiento de  nuestra amistad y la amistad es una de las cosas más bellas que si somos dichosos podemos conocer  en la vida.

Como cubana, recuerdo a José Martí que escribió este verso que me gusta tanto:

                   “Tiene el leopardo un abrigo

                     en su monte seco y pardo.

                     Yo tengo más que el leopardo

                     porque tengo un buen amigo.”

Y también de Martí recuerdo:

          “Si me preguntaran cuál es la palabra más bella,

            diría que es patria,

            y si me preguntaran por otra,

            casi tan bella como patria,

            diré amistad.”

Espero que los lectores de “A Orillas del Sena” disfruten mucho su lectura y sé que al final estaremos muy de acuerdo en que valió la pena haberlo leído.

Querido Félix, a ti, gracias por querer que fuera yo quien escribiera este prólogo y gracias también a todos aquellos que tengan la paciencia de leerlo.

Tu amiga de siempre,

Ángeles.

Cauterets, diciembre de 2017. »

Desde las orillas del Sena. TomoXVIII. Número 38  de la Serie “Cartas a Ofelia”. Depósito Legal, enero de 2018. © Versión PDF para la web y edición en papel; diseño, maquetación, montaje y foto de la portada: Félix José Hernández Valdés. Editado en París, enero de 2018.

 Foto de la portada:   Le Kiosque des noctambules de Jean-Michel Othoniel.

Te deseo un porvenir lleno de: paz, amor, salud y Libertad, en unión de tus seres queridos y… ¡Qué Dios te bendiga!

Un gran abrazo desde la espléndida Ciudad Luz,

Félix José Hernández.

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